obrando el alma sino mi Voluntad en ella, no hay ansias ni inquietudes, y está libre de cualquier
imperfección”.
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11-76
Mayo 18, 1914
Las almas pacíficas son el apoyo de Jesús.
(1) Sintiéndome oprimida, estaba casi a punto de ser sorprendida por las venenosas olas de
la turbación. Mi amable Jesús, mi centinela fiel, pronto ha corrido a impedir que la turbación
entrara en mí, y gritándome ha dicho:
(2) “Hija, ¿qué haces? Es tal y tanto el amor y el interés que tengo de mantener al alma en
paz, que estoy obligado a hacer milagros para conservar al alma en paz, y quien turba a estas
almas quisiera hacerme frente e impedir este milagro mío todo de amor, por tanto te recomiendo
que seas equilibrada en todo. Mi Ser está en pleno equilibrio en todo, males veo, los siento,
amarguras no me faltan, sin embargo no me desequilibro jamás; mi paz es perenne, mis
pensamientos son pacíficos, mis palabras están endulzadas con paz, el latido de mi corazón no
es jamás agitado, aun en medio de inmensos gozos o de interminables amarguras, aun el mismo
obrar de mis manos en el acto de flagelar corre en la tierra inmerso en olas de paz. Así que si
tú no te conservas en paz, estando Yo en tu corazón me siento deshonrado, mi modo y el tuyo
no van más de acuerdo, así que me sentiría en ti obstaculizado para desarrollar mis modos en
ti, y por lo tanto me harías infeliz. Sólo las almas pacíficas son mis bastones donde me apoyo,
y cuando las muchas iniquidades me arrancan los flagelos de las manos, apoyándome en estos
bastones hago siempre menos de lo que debería hacer. ¡Ah, jamás sea, si me faltaran estos
bastones, faltándome los apoyos reduciría todo a ruinas!”
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11-77
Junio 29, 1914
Cómo la criatura que vive en el Querer Divino,
entra a participar de las acciones “ad intra”
de las Divinas Personas.
(1) Habiendo leído personas autorizadas lo que está escrito el 17 de marzo, esto es, que quien
hace la Voluntad de Dios entra a participar de las acciones “ad intra” de las Divinas Personas,
etc., han dicho que la cosa no estaba bien, y que la criatura no entra en esto. Yo he quedado
pensativa, pero calmada y convencida de que Jesús haría conocer la verdad. Después,
encontrándome en mi habitual estado, ante mi mente he visto un mar interminable, y dentro de
este mar muchos objetos, algunos pequeños, algunos más grandes, algunos quedaban en la
superficie del mar y quedaban sólo mojados, otros iban más al fondo y quedaban impregnados
de agua por dentro y por fuera, y otros iban tan abajo que quedaban perdidos en el mar. Ahora,
mientras esto veía, ha venido mi siempre amable Jesús y me ha dicho:
(2) “Querida hija mía, ¿has visto? El mar simboliza mi inmensidad, y los objetos diferentes en
el tamaño, las almas que viven en mi Voluntad; los diferentes modos de estar en Ella, quién en
la superficie, quién más adentro, y quién perdido en Mí, son según vivan en mi Querer, quién
imperfecto, quién más perfecto, y quién llega a tanto de perderse del todo en mi Querer. Ahora