11-74
Abril 5, 1914
Todo lo que se hace en la Voluntad de Dios se vuelve luz.
(1) Continuando mi habitual estado, mi adorable Jesús se hacía ver dentro de una inmensidad
de luz, y yo nadaba en esa luz, así que me la sentía correr en los oídos, en los ojos, en la boca,
en todo, y entonces Jesús me dijo:
(2) “Hija mía, quien hace mi Voluntad, si obra, la obra se vuelve luz, si habla, si piensa, si
desea, si camina, etc., las palabras, los pensamientos, los deseos, los pasos, se cambian todos
en luz, pero luz tomada de mi Sol, así que mi Voluntad atrae con tanta fuerza a quien hace mi
Querer, que lo hace girar siempre en torno a esta luz, y a medida que gira, más luz toma, luz
que la tiene como raptada en Mí”.
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11-75
Abril 10, 1914
El centro de Jesús en la tierra es el alma que hace
su Voluntad. La Divina Voluntad es reposo perpetuo.
(1) Esta mañana mi siempre amable Jesús ha venido crucificado y me participaba sus penas,
y me ha atraído hacia Él en el mar de su Pasión, tanto, que casi paso a paso la seguía. ¿Pero
quién puede decir todo lo que comprendía? Es tanto que no sé por dónde empezar, diré sólo
que al verle arrancar la corona de espinas, las espinas mismas obstruían el paso a la sangre y
no la dejaban salir del todo, pero al arrancarle la corona de espinas esa sangre ha brotado fuera
por aquellas heridas y le chorreaba a grandes ríos sobre el rostro, sobre los cabellos y después
descendía por toda la persona de Jesús.
(2) Y Jesús: “Hija, estas espinas que me atraviesan la cabeza, pincharán el orgullo, la
soberbia, las llagas más ocultas de las almas para hacerles salir fuera el pus que contienen, y
las espinas tintas en mi sangre las sanarán y les restituirán la corona que el pecado les había
quitado”.
(3) Luego Jesús me hacía pasar a otros momentos de la Pasión, pero yo me sentía traspasar
el corazón al verlo sufrir tanto, y Él casi para consolarme continuó hablando de su Santo Querer:
(4) “Hija mía, mi centro sobre la tierra es el alma que hace mi Voluntad. Mira, el sol sobre la
tierra expande su luz por todas partes, pero él tiene su centro. Yo en el Cielo soy vida de cada
uno de los bienaventurados, pero tengo mi centro, mi trono; así en la tierra me encuentro por
todas partes, pero mi centro, el lugar donde erijo mi trono para reinar, mis carismas, mis
complacencias, mis triunfos, y mi mismo corazón palpitante, todo Yo mismo, se encuentra todo
como en su propio centro en el alma que hace mi Santísima Voluntad. Tan fundida está Conmigo
esa alma, que se hace inseparable de Mí, y toda mi sabiduría y mi potencia no saben encontrar
medios cómo separarse mínimamente de ella”.
(5) Después ha continuado: “El amor tiene sus ansias, sus deseos, sus ardores, sus
inquietudes; mi Voluntad es reposo perpetuo, ¿y sabes por qué? Porque el amor contiene el
principio, el medio y el fin de la obra, por lo tanto para llegar al fin se suscitan las ansias, las
inquietudes, y en éstas mucho de humano se mezcla y de imperfecciones, y si no se unen paso
a paso mi Voluntad y el amor, pobre Amor, cómo queda deshonrado, aun en las obras más
grandes y más santas. En cambio mi Voluntad obra en un acto simple, dando el alma toda la
actitud de la obra a mi Voluntad, y mientras mi Voluntad obra el alma reposa, por lo tanto, no