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Marzo 8, 1914
Quien está en la Divina Voluntad, todo lo que haceJesús,
puede decir es mío. Viviendo y muriendo en el Divino
Querer no hay bien que el alma no se lleve con ella.
(1) Continuando mi habitual estado, mi siempre amable Jesús no ha dejado de hablarme
continuamente de su Santísima Voluntad; diré lo poco que recuerdo. Entonces, no estando bien,
al venir el bendito Jesús me dijo:
(2) “Hija mía, quien está en mi Voluntad, todo lo que Yo hago, el alma puede decir es mío,
porque la voluntad del alma está tan fundida con la mía, que lo que hace mi Voluntad hace ella,
así que viviendo y muriendo en mi Querer no hay bien que con ella no se lleve, porque no hay
bien que mi Voluntad no contenga, y de todos los bienes que hacen las criaturas mi Voluntad es
la vida, entonces, muriendo el alma en mi Voluntad se lleva consigo todas las misas que se
celebran, las oraciones y las obras buenas que se hacen, porque todas son frutos de mi
Voluntad, y además, todo esto es mucho menos en comparación del obrar mismo de mi Voluntad
que el alma se lleva consigo como suyo, basta un instante del obrar de mi Voluntad para
sobrepasar todo el obrar de todas las criaturas pasadas, presentes y futuras, así que el alma
muriendo en mi Voluntad, no hay belleza que la iguale, ni altura, ni riqueza, ni santidad, ni
sabiduría, ni amor, nada, nada la puede igualar, así que el alma que muere en mi Voluntad, al
ingreso que hará en la patria celestial no sólo se abrirán las puertas del Cielo, sino que todo el
Cielo se abajará para hacerla entrar en la celestial morada, para hacer honor al obrar de mi
Voluntad; qué decirte además, la fiesta, la sorpresa de todos los bienaventurados al ver esta
alma toda sellada por el obrar de la Voluntad Divina; al ver en esta alma que todo lo ha hecho
en mi Querer, que todo lo que ha hecho en vida, cada palabra, cada pensamiento, obra, acción,
etc., son tantos soles que la adornan y uno diverso del otro en la luz y en la belleza; al ver en
esta alma los tantos ríos divinos que inundarán a todos los bienaventurados, y que no
pudiéndolos contener el Cielo correrán también en la tierra para bien de los viadores.
(3) ¡Ah!, hija mía, mi Voluntad es el portento de los portentos, es el secreto para encontrar la
luz, la santidad, las riquezas; es el secreto de todos los bienes, y no es conocido, y por lo tanto
ni apreciado ni amado. Al menos tú aprécialo y ámalo, y hazlo conocer a cuantos veas
dispuestos”.
(4) Otro día, estando sufriendo sentía que no podía hacer nada y me sentía oprimida por esto,
y Jesús estrechándome toda me dijo:
(5) “Hija mía, no te inquietes, busca solamente el estar abandonada en mi Voluntad, y Yo haré
todo por ti, porque es más un solo instante en mi Voluntad, que todo lo que podrías hacer de
bien en toda tu vida”.
(6) Recuerdo también que otro día me dijo:
(7) “Hija mía, quien verdaderamente hace mi Voluntad, puede decir que todo lo que se
desarrolla en ella, tanto en el alma como en el cuerpo, lo que siente, lo que sufre, puede decir:
“Jesús sufre, Jesús está oprimido”. Porque todo lo que las criaturas me hacen me llega hasta
en el alma en la cual habito, porque hace mi Voluntad, así que si las frialdades de las criaturas
me llegan, mi Voluntad las siente, y siendo mi Voluntad vida de esa alma, por consecuencia
sucede que también el alma las siente, así que en vez de afligirse por estas frialdades como
suyas, debe estar en torno a Mí para consolarme y repararme por las frialdades que mandan las
criaturas; así si siente distracciones, opresiones y otras cosas, debe estar en torno a Mí para
aliviarme y repararme, no como cosas suyas sino como mías, por eso el alma que vive de mi