(2) “Hija mía, cuando dos voluntades están opuestas entre ellas, una forma la cruz de la otra;
así es entre Yo y las criaturas: Cuando su voluntad está opuesta a la Mía, Yo formo la cruz de
ellas y ellas la cruz mía, así que Yo soy el asta larga de la cruz y ellas la corta, que cruzándose
forman la cruz. Ahora, cuando la voluntad del alma se une con la Mía, las astas no quedan más
cruzadas, sino unidas entre ellas, y por lo tanto la cruz no es más cruz, ¿has entendido? Y
además, Yo santifiqué a la cruz, no la cruz a Mí, así que no es la cruz la que santifica, es la
resignación a mi Voluntad lo que santifica la cruz; por lo tanto, también la cruz tanto de bien
puede obrar por cuanta conexión se tiene con mi Voluntad, no sólo esto, la cruz santifica,
crucifica parte de la persona, pero a mi Voluntad no se le escapa nada, santifica todo y crucifica
los pensamientos, los deseos, la voluntad, los afectos, el corazón, todo, y siendo luz, mi Voluntad
hace ver al alma la necesidad de esta santificación y crucifixión completa, de modo que ella
misma me incita a querer cumplir el trabajo de mi Voluntad en ella. Así que la cruz y todas las
demás virtudes se contentan con tener alguna cosa, y si pueden clavar a la criatura con tres
clavos se alegran y cantan victoria; en cambio mi Voluntad, no sabiendo hacer obras
incompletas, no se contenta con tres clavos, sino con tantos clavos por cuantos actos de mi
Voluntad dispongo sobre la criatura”.
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11-67
Noviembre 27, 1913
La Divina Voluntad es el punto más alto que
puede existir en el Cielo y en la tierra.
(1) Mi siempre amable Jesús continúa hablándome de su santísima Voluntad:
(2) “Hija mía, por cuantos actos completos de mi Voluntad hace la criatura, tantas partes de
Mí toma en sí, y por cuanto más toma de mi Voluntad, tanta más luz adquiere y dentro de sí
forma el sol, y como este sol se ha formado de la luz que toma de mi Voluntad, los rayos de este
sol están concatenados con los rayos de mi Sol Divino, así que uno se refleja en el otro, uno
saetea al otro y mutuamente se saetean, y mientras esto hacen, el sol que mi Voluntad ha
formado en el alma se va engrandeciendo siempre más”.
(3) Y yo: “Jesús, siempre estamos aquí, en tu Voluntad, parece que no tienes otra cosa qué
decir”.
(4) Y Jesús: “Mi Voluntad es el punto más alto que puede existir en el Cielo y en la tierra, y
cuando el alma ha llegado a Ella, ha sojuzgado todo y ha hecho todo, y no le queda más que
morar en lo alto de estas alturas, gozárselas y comprender siempre más esta mi Voluntad, aún
no bien comprendida ni en el Cielo ni en la tierra. Se necesita tiempo para estarnos, porque
poquísimo has comprendido y mucho te queda por comprender, mi Voluntad es tal, que quien
la hace puede decirse dios de la tierra, y como mi Voluntad forma la beatitud del Cielo, así estos
dioses que hacen mi Voluntad forman la beatitud de la tierra y de quienes les están junto, y no
hay bien que sobre la tierra exista, que no se deba atribuir a estos dioses de mi Voluntad, o
como causa directa o indirecta, pero todo a ellos se debe. Y así como en el Cielo no hay felicidad
que de Mí no salga, así en la tierra no hay bien que exista que no venga de ellos”.
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