11-59
Septiembre 3, 1913
Cuando Jesús pone al alma en su Voluntad, y ella
hace estable morada en su Querer, el alma se pone
en las mismas condiciones de Jesús.
(1) Mientras estaba rezando, pero yo no sé explicarme bien, puede ser también una fina
soberbia mía, pero yo no pienso nunca en mí misma, en mis grandes miserias, sino siempre en
reparar, para consolar a Jesús, por los pecadores, por todos, pero no es que lo piense desde
antes, no, sólo basta que me ponga a rezar y me encuentro en ese punto. Ahora, yo estaba
pensando en esto, y mi siempre amable Jesús viniendo me ha dicho:
(2) “Hija mía, ¿cómo? ¿Te preocupas por esto? Tú debes saber que cuando Yo pongo al alma
en mi Voluntad y ella hace estable morada en mi Querer, siendo que mi Voluntad contiene todos
los bienes posibles e imaginables, por eso el alma se siente que abunda de todo y se pone en
mis mismas condiciones, esto es, que siente necesidad de dar en vez de recibir, siente que ella
de nada tiene necesidad, y si algo quiere puede tomar lo que quiere, no pedirlo. Y como mi
Voluntad contiene una fuerza irresistible de querer dar, sólo queda contenta cuando da, y
mientras da queda más sedienta de dar, ¡y en qué aprietos se encuentra cuando quiere dar y
no encuentra a quien dar! Hija, al alma que hace mi Voluntad la pongo en mis mismas
condiciones, y le doy parte en mis grandes gozos y amarguras, y todo su obrar está sellado con
el desinterés de sí misma. ¡Ah!, sí, quien hace mi Querer es el verdadero sol que da luz y calor
a todos, y siente la necesidad de dar esta luz y calor; y mientras da a todos, el sol no toma nada
de ninguno, porque él es superior a todo y no hay sobre la tierra quien pueda igualarlo en la luz
y en el gran fuego que contiene. ¡Ah!, si las criaturas pudieran ver a un alma que hace mi
Voluntad, la verían más que sol majestuoso en acto de hacer bien a todos, y lo que es más,
descubrirían en este sol a Mí mismo. Así que la señal de que el alma ha llegado a hacer mi
Voluntad, es si se siente en condiciones de dar. ¿Has comprendido?”
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11-60
Septiembre 6, 1913
Las horas de la Pasión son las mismas oraciones de Jesús.
(1) Estaba pensando en las horas de la Pasión escritas, y en que como están sin indulgencias,
quien las hace no gana nada, mientras que hay tantas oraciones enriquecidas con tantas
indulgencias. Mientras esto pensaba, mi siempre amable Jesús, todo benignidad me ha dicho:
(2) “Hija mía, con las oraciones indulgenciadas se gana alguna cosa, en cambio las horas de
mi Pasión, que son mis mismas oraciones, mis reparaciones y todo amor, han salido
propiamente del fondo de mi corazón. ¿Has acaso olvidado cuántas veces me he unido contigo
para hacerlas juntos y he cambiado los flagelos en gracias para toda la tierra? Por eso es tal y
tanta mi complacencia, que en lugar de la indulgencia le doy al alma un puñado de amor, que
contiene precio incalculable de infinito valor, y además, cuando las cosas son hechas por puro
amor, mi Amor encuentra en eso su desahogo, y no es indiferente que la criatura dé alivio y
desahogo al Amor de su Creador”.
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