11-61
Septiembre 12, 1913
El éxtasis en la Humanidad de Jesús y el éxtasis de la Divina Voluntad.
(1) Estaba pensando en cómo Jesús bendito ha cambiado las cosas, aún viniendo Él yo no
quedo petrificada como antes, sino que en cuanto se va me siento en estado natural; yo no sé
que me ha sucedido, pero lo que es más, es que me da fastidio si me viene el pensamiento, o
bien que quien tiene autoridad sobre mí quiere conocer mis cosas. Entonces el buen Jesús que
me vigila cada pensamiento, y ni siquiera una de estas mis cosas quiere que mi mente olvide,
al venir me ha dicho:
(2) “Hija mía, ¿quisieras acaso tú que Yo usara cuerdas y cadenas para tenerte atada? En un
tiempo eran necesarias, y Yo con todo amor te tenía atada y me hacía el sordo ante cualquier
lamento tuyo, recuérdalo. Pero ahora no lo veo ya necesario, hace ya más de dos años que he
querido usar contigo cadenas más nobles, como es mi Voluntad, por eso en este tiempo te he
hablado siempre de mi Querer y de los efectos sublimes e indescriptibles que mi Querer contiene
y que a ninguno hasta ahora he manifestado. Mira cuantos libros quieras y verás que en ninguno
encontrarás lo que te he dicho a ti de mi Voluntad. Esto era necesario para disponer tu alma al
estado presente en el cual te encuentras; después de haberte tenido siempre conmigo, lo sabía
muy bien, que tú no habrías podido soportar el sufrir la falta de mi presencia continua si no la
hubiera sustituido con una cosa toda mía, que invadiendo toda tu alma debía tenerte raptada
mucho más que como lo haría mi misma presencia, así que mi Voluntad es la que la sustituye
para tenerte raptado cada pensamiento tuyo, afecto, deseo, palabra, tanto, que tu lengua habla
de mi Voluntad con tal elocuencia y entusiasmo, porque está raptada por mi Querer. Por eso
sientes fastidio cuando se te pregunta cómo y porqué Jesús no viene como antes, porque estás
raptada por mi Voluntad, y tu alma sufre cuando te quieren romper el dulce encanto de mi
Querer”.
(3) Y yo: “Jesús, ¿qué dices? Déjame, déjame, vete, son mis maldades las que me han
reducido a este estado”. Jesús ha sonreído al oír decirse: “Vete”, y estrechándome más a Él me
ha dicho:
(4) “No puedo irme, ¿puedo acaso separarme de mi Voluntad? Si tú tienes mi Voluntad debo
estarme siempre contigo, mi Querer y Yo somos uno solo, no somos dos, pero vayamos a los
hechos, dime, ¿cuáles son tus maldades?”
(5) Y yo: “Amor mío, no lo sé. Tú mismo lo has dicho, que tu Voluntad me tiene raptada, ¿cómo
puedo conocerlas? “
(6) Y Jesús: “¡Ah! ¿no las conoces?”
(7) Y yo: “No puedo conocerlas, porque Tú me tienes siempre arriba y no me das tiempo para
pensar en mí misma, y en el acto en el que quiero pensar en mí, Tú, o me reprendes
severamente hasta decirme que debería avergonzarme por hacerlo, o bien amorosamente
atrayéndome a Ti con tal fuerza, que haces que me olvide de mí misma, ¿cómo puedo hacerlo?”
(8) Y Jesús: “Si no puedes hacerlo significa que Yo me complazco más en que no lo hagas,
manteniendo en ti mi Voluntad en lugar de todo y viéndose quitada alguna cosa de lo suyo, por
eso te está encima y te impide pensar en ti misma, sabiendo que donde tiene en todo el lugar
mi Querer, maldades no puede haber. Por eso, celoso me mantengo vigilante”.
(9) Y yo: “Jesús, ¿te burlas de mí?”
(10) Y Jesús: “Hija mía, me obligas a hablar para hacerte comprender cómo están las cosas.
Escucha, para hacerte llegar a un punto tan noble y divino, Yo he hecho contigo como dos
amantes que se aman hasta la locura; jamás habrías tú amado tanto mi Voluntad si no me
hubieras conocido, por eso primero te he dado el éxtasis de mi Humanidad, a fin de que
conociendo quién soy Yo, tú me amaras, y para atraer todo tu amor he usado contigo muchas