11-58
Agosto 27, 1913
El enemigo por vía indirecta busca turbar al alma.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, estaba lamentándome con mi siempre amable
Jesús por mi pobre estado presente, y con toda la amargura de mi alma le decía: “Vida de mi
vida, ¿no quieres ya tener compasión de mí? ¿Para qué vivir? No quieres más servirte de mí,
todo ha terminado, es tal y tanta mi amargura que por el dolor me siento petrificada, pero lo que
es más, que mientras yo me estoy toda abandonada en tus brazos, como si ni siquiera diera un
pensamiento a mi gran desventura, los demás, y Tú sabes quienes son, me susurran al oído:
“Y, ¿cómo? Y, ¿por qué? ¿Entonces has cometido pecados? Te has distraído”. Y lo que es peor,
mientras me dicen esto, yo siento que no quiero oírlos, pues es como si interrumpieran el sueño
que Tú me haces hacer en los brazos de tu Voluntad. ¡Ah! Jesús, tal vez no te has dado cuenta
de cuán duro me es este dolor, pues de otra manera vendrías a socorrerme”. Y otras muchas
tonterías le decía. Entonces el bendito Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, pobre hija mía, te quieren afligir, ¿no es verdad? ¡Ah, hija mía, hago tanto para
tenerte en paz y ellos te quieren turbar! No, no, debes saber que el primero en disgustarse si tú
osaras ofenderme sería Yo, y por eso sería el primero en decírtelo, y si nada te digo, no te
preocupes. Pero, ¿quieres saber quién es la causa de todo esto? Es el demonio. Él se corroe
de rabia y cada vez que hablas de los efectos de mi Voluntad a quien se te acerca, monta en
furor, y no pudiendo él acercarse a quien hace mi Voluntad directamente, da la vuelta y va a
quien puede acercársete bajo aspecto de bien, para tener al menos el mísero intento de turbar
el cielo sereno del alma en la que me deleito morar, por eso desde lejos truena y relampaguea
creyendo hacer con esto alguna cosa, pero pobrecito, la fuerza de mi Voluntad rompe sus
piernas y hace caer truenos y relámpagos sobre él mismo, y queda más enfurecido que antes.
Además, no es cierto como tú dices: ¿A que aprovecha mi estado? Debes saber que en el alma
que hace en verdad mi Voluntad, es tal y tanta la virtud de mi Querer, que en el lugar donde esté
dicha alma, si Yo me acerco para mandar castigos, encontrando mi Voluntad y mi mismo Amor,
no me quiero castigar a Mí mismo en esa alma, es más, por ella quedo herido y sin fuerzas, y
en lugar de castigar me voy a arrojar en brazos de esa alma que contiene mi Querer y mi Amor,
me reposo y quedo descansando. ¡Ah, si tú supieras en qué aprietos de amor me pones y cuánto
sufro cuando te veo mínimamente descontenta o turbada por causa mía, estarías más contenta
y los otros dejarían de causarte molestia!”.
(3) Y yo: “¿Ves, ¡oh! Jesús, cuántos males hago, hasta hacerte sufrir tanto?” Y Jesús
inmediatamente:
(4) “Hija mía, no te turbes por esto, los sufrimientos que me vienen del amor del alma
contienen a la vez grandes gozos, porque el amor verdadero por cuanto lleva sufrimientos, no
está jamás separado de gran gozo y de indecibles contentos”.
+ + + +
604 sig