11-56
Junio 24, 1913
(Sin título)
(1) El alma que no apetece el bien, siente como una náusea y un rechazo de dicho bien, y por
eso esas almas son el rechazo de Dios
+ + + +
11-57
Agosto 20, 1913
Para vivir en la Divina Voluntad, la vida de
la propia voluntad debe terminar.
(1) Mientras rezaba veía en mí a mi siempre amable Jesús y a otras almas en torno a mí, las
cuales decían: “Señor, todo has puesto en esta alma”. Y extendiendo sus manos hacia mí me
decían: “Ya que Jesús está en ti, y con Él todos los bienes, toma y danos a nosotras”. Yo he
quedado confundida, y el bendito Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, en mi Voluntad están todos los bienes posibles, y el alma que vive en Ella es
necesario que esté con confianza obrando junto Conmigo como dueña. Todo esperan las
criaturas de esta alma, y si no lo tienen se sienten defraudadas; ¿y cómo puede dar si no está
con toda confianza obrando junto Conmigo? Por eso al alma que vive en mi Voluntad le es
necesaria la confianza para dar, la simplicidad para comunicarse a todos, con el desinterés de
sí para poder vivir toda para Mí y para el prójimo. Tal soy Yo”.
(3) Luego ha agregado: “Hija mía, a quien en verdad hace mi Voluntad le sucede como al
árbol injertado, que la fuerza del injerto tiene virtud de hacer destruir la vida del árbol que recibe
el injerto, así que no más los frutos, las hojas del primer árbol se ven, sino los del injerto, y si el
primer árbol dijera al injerto, “quiero retener para mí al menos una pequeña ramita para poder
dar también yo algún fruto para poder hacer conocer a todos que yo existo aún”, el injerto le
respondería: “Tú no tienes ya razón de existir, después de que te has sometido a recibir mi
injerto la vida será toda mía”. Así el alma que hace mi Voluntad puede decir: “Mi vida ha
terminado, no más mis obras saldrán de mí, mis pensamientos, mis palabras, sino las obras, los
pensamientos, las palabras de Aquél cuya Voluntad es mi vida”. Así que Yo digo a quien hace
mi Querer: “Tú eres vida mía, sangre mía, huesos míos”. Entonces sucede la verdadera, real,
Sacramental transformación, no en virtud de las palabras del sacerdote, sino en virtud de mi
Voluntad. En cuanto el alma se decide a vivir en mi Querer, mi Voluntad me crea a Mí mismo en
el alma, y a medida que mi Querer corre en la voluntad, en las obras, en los pasos del alma,
tantas creaciones mías recibe. Sucede propiamente como a un cáliz lleno de partículas
consagradas, por cuantas partículas hay, tantos Jesús están, uno en cada partícula. Así el alma,
en virtud de mi Voluntad me contiene en todo y en cada parte de su ser; quien hace mi Voluntad
hace la verdadera comunión eterna, y comunión con fruto completo”.
+ + + +