que me disgusta o que no se refiere a Mí, y el alma se mortifica, ha consumado el ojo humano
y ha adquirido el ojo de la Vida Divina, y así el resto de tu ser. ¡Oh!, Cómo estas nuevas Vidas
Divinas me las siento correr en Mí y toman parte en todo mi obrar, amo tanto estas vidas, que
por amor de ellas cedo a todo. Estas almas son las primeras delante de Mí, y si las bendigo, a
través de ellas vienen bendecidas las demás; son las primeras beneficiadas, amadas, y por
medio de ellas vienen beneficiadas y amadas las demás”.
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11-55
Junio 12, 1913
La Santísima Trinidad en las almas.
(1) Mientras rezaba estaba uniendo mi mente a la de Jesús, mis ojos a los de Jesús, y así de
todo lo demás, tratando de hacer lo que hacía Jesús con su mente, con sus ojos, con su boca,
con su corazón, y así de todo de todo lo demás, y como parecía que la mente de Jesús, sus
ojos, etc., se difundían para bien de todos, así parecía que yo uniéndome y ensimismándome
con Jesús me difundía también para bien de todos. Entonces pensaba entre mí: “¿Qué
meditación es ésta? ¿Qué oración? ¡Ah, no soy buena para nada, no sé ni siquiera meditar
nada!” Pero mientras esto pensaba, mi siempre amable Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, ¿cómo es que te afliges por esto? En vez de afligirte deberías alegrarte, porque
cuando tú meditabas y tantas bellas reflexiones surgían en tu mente, tú no hacías otra cosa que
tomar de Mí parte de mis cualidades y de mis virtudes; ahora, habiéndote quedado sólo el poder
unirte y ensimismarte a Mí, tomas de Mí todo, y no siendo buena para nada, Conmigo eres
buena para todo, porque Conmigo quieres el bien de todos, y sólo con el desear, el querer el
bien, produce en el alma una fortaleza que la hace crecer y la fija en la Vida Divina. Además,
con unirse y ensimismarse Conmigo, se une con mi mente, y así tantas vidas de pensamientos
santos produce en las mentes de las criaturas; conforme se une con mis ojos, así produce en
las criaturas tantas vidas de miradas santas; así si se une con mi boca dará vida a las palabras;
si se une a mi corazón, a mis deseos, a mis manos, a mis pasos, así a cada latido dará una vida,
vida a los deseos, a las acciones, a los pasos, pero vidas santas, porque conteniendo en Mí la
potencia creadora, junto Conmigo el alma crea y hace lo que hago Yo. Ahora, esta unión
Conmigo, parte por parte, mente por mente, corazón por corazón, etc., produce en ti, en grado
más alto, la Vida de mi Voluntad y de mi Amor, y en esta Voluntad viene formado el Padre, en
el Amor el Espíritu Santo, y del obrar, de las palabras, de las obras, de los pensamientos y de
todo lo demás que puede salir de esta Voluntad y de este Amor viene formado el Hijo, y he aquí
la Trinidad en las almas, así que si debemos obrar, es indiferente obrar en la Trinidad en el Cielo
o en la Trinidad de las almas en la tierra. He aquí el por qué voy quitándote todo lo demás, si
bien cosas buenas y santas, para poderte dar lo más bueno y lo más santo, que soy Yo mismo,
y poder hacer de ti otro Yo mismo, en cuanto a criatura es posible. Creo que no te lamentarás
más, ¿no es verdad?”
(3) Y yo: “¡Ah, Jesús, Jesús!, yo en cambio siento que me he hecho mala, mala, y el mayor
mal es que no sé encontrar esta maldad mía, porque encontrándola, al menos haría cuanto
puedo para quitarla”.
(4) Y Jesús: “Basta, basta, tú quieres adentrarte demasiado en el pensamiento de ti misma,
piensa en Mí y Yo pensaré en tu maldad, ¿has entendido?”
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