(2) “Hija mía, el opio del alma es mi Voluntad, mi opio es la voluntad del alma abandonada en
la mía, unida al puro amor. Este opio que el alma me da tiene la virtud de que las espinas pierdan
en Mí la virtud de pinchar, los clavos de perforar, las llagas de dar dolor, todo me calma y
adormece, así que si tú me has dado el opio, ¿cómo quieres que te haga parte de mis penas?
Si no las tengo para Mí menos para ti”.
(3) Y yo: “Ah Jesús, cómo te sabes salir, parece que quieres jugar y para no contentarme te
zafas con esas palabras”.
(4) Y Él: “No, no, es verdad, es exactamente así. Tengo necesidad de mucho opio, y te quiero
tan abandonada en Mí que no te sienta más a ti misma, así que no reconoceré más quién eres
tú, sino que solamente me reconoceré a Mí en ti, así que te diré que eres mi alma, mi carne, mis
huesos. En estos tiempos tengo necesidad de mucho opio, porque si me despierto, en diluvio
haré caer los flagelos”.
(5) Y ha desaparecido. Poco después ha regresado y ha agregado:
(6) “Hija mía, muchas veces sucede a las almas lo que sucede en el aire: El aire, por los
hedores que exhala la tierra se ensucia y se siente un aire pesado, oprimente y nauseante, de
modo que son necesarios los vientos para limpiar el aire, de manera que purificado el aire se
respira después un vientecillo finísimo, que se estaría a boca abierta para respirar este aire
purificado. Todo esto sucede en las almas, muchas veces la complacencia, la estima propia, el
yo y todo lo que es humano ensucian el aire del alma, y Yo me veo obligado a mandarles el
viento de la frialdad, el viento de la tentación, de la aridez, de la calumnia, de modo que estos
vientos limpian el aire del alma y la purifican, la reducen a la nada, y la nada abre la puerta al
Todo, a Dios, y el Todo hace soplar tantos vientecillos perfumados, de modo que a boca abierta
toma este aire y la deja toda santificada”.
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11-50
Marzo 24, 1913
Jesús es el contento de los contentos.
(1) Sentía un cierto descontento por las privaciones de mi siempre amable Jesús, y Él en
cuanto ha venido me dijo:
(2) “Hija mía, ¿qué haces? Yo soy el contento de los contentos; estando en ti y sintiendo
algunos descontentos vengo a reconocer que eres tú, y por lo tanto no me reconozco solo en ti,
porque los descontentos son parte de la naturaleza humana, no de la divina, mientras que mi
Voluntad es que lo humano no exista más en ti, sino sólo mi Vida Divina”.
(3) Agrego que pensaba entre mí en la dulce Mamá, y Jesús me ha dicho:
(4) “Hija mía, a mi querida Mamá nunca se le escapó el pensamiento de mi Pasión, y a fuerza
de repetirla se llenó toda, toda de Mí. Así sucede al alma, a fuerza de repetir lo que Yo sufrí
viene a llenarse de Mí”.
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