(4) El tercer efecto que produce la culpa es la debilidad en el hombre, y por eso quise sufrir la
Pasión por manos de los judíos, esta es mi tercera Pasión, para rehacer al hombre de la fuerza
perdida.
(5) Así que con la Pasión del amor se rehizo y se puso en justo nivel el Amor, con la Pasión
del pecado se rehizo y se puso a nivel la gloria del Padre, con la Pasión de los judíos se puso a
nivel y se rehizo la fuerza de las criaturas. Todo esto lo sufrí en el huerto, fue tal y tanto el
sufrimiento, las muertes que sufrí, los espasmos atroces, que habría muerto de verdad si la
Voluntad del Padre hubiera llegado a que Yo muriera”.
(6) Después continué meditando cuando mi amable Jesús fue arrojado por los enemigos al
torrente Cedrón. El bendito Jesús se hacía ver en un aspecto que movía a piedad, todo bañado
con aquellas aguas puercas y me ha dicho:
(7) “Hija mía, al crear el alma la vestí de un manto de luz y de belleza; el pecado quita este
manto de luz y de belleza y la cubre con un manto de tinieblas y de fealdad, volviéndola
repugnante y nauseante, y Yo para quitar este manto tan nauseabundo que el pecado pone al
alma, permití que los judíos me arrojaran en este torrente, donde quedé como recubierto dentro
y fuera de Mí, porque estas aguas pútridas me entraron hasta en las orejas, en las narices, en
la boca, tanto, que los judíos tenían asco de tocarme. ¡Ah, cuánto me costó el amor de las
criaturas, hasta volverme nauseabundo a Mí mismo!”
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11-46
Febrero 5, 1913
Quien no hace la Voluntad de Dios todo lo roba.
(1) Esta mañana, mi siempre amable Jesús ha venido y me ha dicho:
(2) “Hija mía, quien no hace mi Voluntad no tiene razón de vivir en la tierra, la vida se vuelve
sin finalidad, sin medio y sin fin. Es propiamente como un árbol que no sabe y no puede producir
ningún fruto, o a lo más frutos venenosos, que envenenan siempre más a él mismo, y envenenan
a cualquiera que imprudentemente los pudiera comer, este árbol no hace otra cosa que robar
las pobres fatigas del agricultor, que con fatiga y sudores está a su alrededor removiéndole la
tierra. Así el alma que no hace mi Voluntad está en continua actitud de robarme, y los hurtos
que me hace los convierte en veneno; así que está a mi alrededor sólo para robarme, me roba
la obra de la Creación, la de la Redención y la de la Santificación con relación a ella; me roba la
luz del sol, el alimento que toma, el aire que respira, el agua que le quita la sed, el fuego que la
calienta, la tierra que pisa, porque todo esto es de quien hace mi Voluntad, todo lo que es mío
es de ellos; en cambio quien no hace mi Voluntad no tiene ningún derecho, y por eso me siento
continuamente robado. Así que quien no hace mi Voluntad se debe tener como extranjero nocivo
y fraudulento, y por eso es necesario encadenarlo y arrojarlo en las cárceles más profundas”.
(3) Dicho esto ha desaparecido como relámpago. Otro día, al venir me ha dicho:
(4) “Hija mía, ¿quieres saber qué diferencia hay entre mi Voluntad y el Amor? Mi Voluntad es
Sol, el amor es fuego. Mi Voluntad como sol no tiene necesidad de alimento, ni crece ni decrece
en la luz y en el calor, siempre, siempre igual a sí mismo, siempre purísima su luz. En cambio el
fuego que simboliza el amor, tiene necesidad de leña para alimentarse, y si falta la leña llega
hasta a apagarse, crece y decrece según la leña que se pone, por lo tanto está sujeto a
inestabilidad, y su luz es siempre obscura, mezclada con humo, especialmente si el amor no
está regulado por mi Voluntad”.
(5) Dicho esto ha desaparecido y me ha quedado en mi mente una luz en la que comprendía
que la Voluntad de Dios para el alma es como un sol, porque las acciones que se hacen como