Para quien obra en la Divina Voluntad, Jesús dispone las intenciones.
(3) Otra vez estaba pensando cómo sería mejor ofrecer nuestras acciones, oraciones, etc., si
como reparaciones, como adoraciones, etc. Y mi siempre benigno Jesús me ha dicho:
(4) “Hija mía, quien está en mi Voluntad y hace sus cosas porque las quiero Yo, no es
necesario que disponga ella sus intenciones, estando en mi Voluntad, conforme obra, reza,
sufre, así Yo mismo las dispongo como más me place, ¿me place la reparación? Las tomo por
reparación; ¿me place por amor? Lo tomo como amor. Siendo Yo el dueño hago con ellas lo
que quiero; no así con quien no está en mi Voluntad, disponen ellos y Yo quedo a voluntad de
ellos”.
Uso de los bienes naturales en la Divina Voluntad.
(5) Otro día, habiendo leído en un libro de una santa, que primero casi no tenía necesidad de
alimento y después tenía que comer frecuentemente y era tanta la necesidad que llegaba a llorar
si nada le daban, yo me he quedado pensativa meditando en mi estado, pues antes tomaba
poquísimo alimento y era obligada a devolverlo, pero ahora tomo más y no lo devuelvo, y decía
para mí: “Jesús bendito, ¿cómo es eso? Esto para mí lo tengo como falta de mortificación y es
mi maldad la que me lleva a estas miserias”. Y Jesús bendito al venir me ha dicho:
(6) “Hija mía, ¿quieres saber el porqué? Heme aquí para contentarte. Primero, al alma para
hacerla toda mía, para vaciarla de todo lo sensible y ponerle todo lo celestial, lo divino, la alejo
aun de la necesidad del alimento, de modo que casi no tiene necesidad de éste, así que
encontrándose en estas condiciones, toca con la mano que sólo Jesús basta, que nada más le
es necesario, y el alma se eleva a lo alto, desprecia todo, no se preocupa de nada, su vida es
celestial. Después de haberla fundado bien por años y años, no teniendo Yo más temor de que
lo sensible le lleve la sombra de las impresiones, porque después de haber gustado lo celestial
es casi imposible que el alma guste los desechos, el estiércol, Yo entonces la restituyo a la vida
ordinaria, porque quiero que mis hijos tomen parte en las cosas creadas por Mí por amor de
ellos según mi Voluntad, no según la de ellos, y es sólo por amor de estos hijos que estoy
obligado a alimentar a los otros; y no sólo esto, sino que es para Mí la más bella reparación por
todos aquellos que no usan de las cosas naturales según mi Voluntad, el ver a estos hijos
celestiales tomar las cosas necesarias con sacrificio, con desapego y según mi Voluntad. ¿Cómo
quieres decir tú que por esto hay maldad en ti? Nada en absoluto, ¿qué mal hay en el tomar un
poco de más o de menos en mi Voluntad de lo que no es sino escoria? Nada, nada. En mi
Voluntad nada puede haber de mal, sino siempre bien, hasta en las cosas más indiferentes”.
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11-38
Octubre 14, 1912
Lo que Jesús obra en las almas es eterno.
(1) Encontrándome en mi habitual estado me lamentaba con Jesús bendito de mi pobre
estado, y decía: “¿De qué me sirve que en el pasado me hayas hecho tantas gracias, habiendo
llegado hasta a crucificarme Contigo, si ahora todo ha terminado?” Y Jesús:
(2) “Hija mía, ¿qué dices? ¿Cómo, nada te sirve? ¿Todo ha terminado? Falso, te engañas,
nada ha terminado y todo te es útil. Tú debes saber que todo lo que hago al alma está sellado
con el sello de lo eterno, y no hay potencia que pueda quitar al alma lo que mi gracia ha obrado.
Así que todo lo que he hecho a tu alma, todo existe y tiene vida en ti, y te da alimento continuo,