(5) Ahora, después de haber escrito las oraciones anteriores bajo el influjo de Jesús, en la
noche al venir Jesús me hacía ver que el adiós y el buenos días los tenía conservados en su
corazón, y me ha dicho:
(6) “Hija mía, estas oraciones han salido del fondo de mi corazón, y quien las rece con la
intención de estarse Conmigo, como está expresado en ellas, Yo lo tendré Conmigo y en Mí
haciendo lo que hago Yo, y no sólo los enfervorizaré en mi Amor, sino que cada vez que lo haga
aumentaré mi amor hacia el alma, admitiéndola a la unión de la vida divina y de mis mismos
deseos de salvar a todas las almas”.
(7) Quisiera a Jesús en la mente, a Jesús en los labios, a Jesús en mi corazón, quisiera mirar
sólo a Jesús, escuchar sólo a Jesús, estrecharme sólo con Jesús, quiero hacer todo junto con
Jesús, amar con Jesús, sufrir con Jesús, jugar con Jesús, llorar con Jesús, escribir con Jesús,
y sin Jesús no quiero ni siquiera respirar, me estaré como una bebita llorona sin hacer nada, a
fin de que Jesús venga a hacer todo junto conmigo, contentándome con ser su juguete,
abandonándome a su Amor, a sus castigos, a sus cruces y a sus amorosos caprichos siempre
y cuando todo lo haga junto con Jesús. ¿Sabes ¡oh! mi Jesús? Esta es mi voluntad y no me
cambiaré, ¿lo has oído? Así que ahora ven a escribir conmigo.
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11-3
Febrero 14, 1912
Jesús dice que en su Voluntad, todas las cosas
tienen el mismo valor y habla de su Voluntad.
(1) Continuando mi habitual estado, mi siempre amable Jesús ha venido y le he dicho: “Dime,
¡oh! Jesús, ¿cómo es que después de que has dispuesto al alma a sufrir, y de que ella
conociendo el bien que hay en el sufrir, ama el sufrir y sufre casi con pasión, y cuando cree que
su patrimonio es el sufrir, en lo más bello Tú le quitas este tesoro?”
(2) Y Jesús: “Hija mía, mi Amor es grande, mi régimen es insuperable, mis enseñanzas son
sublimes, mis instrucciones son divinas, creadoras e inimitables; entonces, para hacer que todas
las cosas, sean grandes o pequeñas, sufrir o gozar, naturales o espirituales, adquieran un solo
color y tengan un solo valor, permito que cuando el alma se ha adiestrado a sufrir y llega a
amarlo, Yo le hago pasar el sufrir como propiedad en la voluntad, así que cada vez que Yo le
mande el sufrir, teniendo la propiedad, las disposiciones en la voluntad, se encontrará siempre
dispuesta a sufrir y a amar el sufrimiento. Así que Yo miro las cosas en la voluntad, y entonces
es para el alma como si siempre sufriera, a pesar de que no sufra; y a fin de que el gozar tenga
el mismo valor que el sufrir, y el rezar, el obrar, el comer, el dormir, en suma, todo, porque el
todo está en si las cosas son de mi Voluntad; para hacer que cualesquiera que sean las cosas
tengan un solo valor, permito que el alma se adiestre a todas las cosas en mi Voluntad con santa
indiferencia. Así que para el alma parece que mientras Yo le doy una cosa, luego se la quito,
pero no es verdad, más bien es que en un principio, cuando el alma no está bien adiestrada,
siente la sensibilidad en el sufrir, en el rezar, en el amar, pero cuando con el adiestrarse pasan
como propiedad en la voluntad, cesa la sensibilidad, pero al llegarle la ocasión de tener
necesidad de servirse de estas propiedades divinas que le he hecho adquirir, con paso firme y
con ánimo imperturbable se pone a ejercitarse en la ocasión que se presenta, como por ejemplo:
¿Se presenta el sufrir? Entonces encuentra en ella la fuerza, la vida del sufrir; ¿debe rezar?
Encuentra en ella la vida de la oración, y así de todo lo demás”.
(3) Según lo que dice Jesús a mí me parece así: Supongamos que yo haya recibido un don;
mientras no me decida dónde debo guardar y conservar ese don, lo miro, lo aprecio y siento una