y quieren también mirarse un poquito ellos mismos cómo son fríos, áridos, calientes. Con este
mirarse ellos mismos, afanarse, debatirse, se afloja el nudo hecho por Mí y quieren estar
Conmigo pero algo lejos, no estrechados en modo de no sentirse más ellos mismos, esto me
aflige sobremanera y me impiden mis juegos de amor; y no te creas que son las almas que están
lejos de ti, son también aquellas que te circundan, tú les harás entender bien este disgusto que
me dan, y que si no se dejan estrechar por Mí hasta perder el propio sentir, jamás podré extender
en ellos mis gracias, mis carismas, ¿has entendido?”
(3) Y yo: “Sí, ¡oh! Jesús, he entendido. Pobrecitos, si comprendieran el secreto que hay en
tus estrecheces no lo harían, te dejarían hacer, más bien ellos mismos se empequeñecerían de
más para hacer que aprietes más el nudo”. Mientras tanto yo me he hecho pequeña, pequeña,
Jesús me ha estrechado, y yo en lugar de debatirme me he dejado apretar más fuerte, y
conforme me estrechaba, así sentía la vida de Jesús y perdía la mía. ¡Oh, cómo me sentía feliz
con la vida de Jesús! Podía amar de más y llegaba a todo lo que quería Jesús.
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10-49
Enero 20, 1912
El amor cuando no une por las buenas, busca unir con las
aflicciones, con los contrastes y aun con las santas maldades.
(1) Regresando mi siempre amable Jesús, se hacía ver que iba estrechando los corazones; y
las almas resistiendo a estas estrecheces hacían que la gracia quedara inhabilitada, y Jesús
tomaba esta gracia en su puño y la llevaba a aquellos pocos que se dejaban ceñir; me ha traído
una buena parte también a mí. Yo al ver esto le he dicho: “Dulce vida mía, Tú eres tan bueno
conmigo al darme parte de la gracia que los otros rechazan, sin embargo yo no advierto
estrecheces, más bien me siento libre, y tanto, que no sé ver ni la anchura, ni la altura, ni la
profundidad de los confines en los cuales me encuentro”.
(2) Y Jesús: “Hija amada mía, mis estrechuras las advierte quien no dejándose atar muy bien
por Mí, no puede entrar a vivir en Mí, pero quien se deja atar por Mí como Yo quiero, pasa a vivir
en Mí, y viviendo en Mí todo es amplitud, estrecheces no existen más, la estrechez dura hasta
que el alma tiene la paciencia de dejarse estrechar por Mí, hasta deshacer su ser humano, para
vivir en la Vida Divina, y después, pasando a vivir en Mí, Yo la tengo al seguro, la hago espaciar
en mis interminables confines, no tengo más necesidad de usar ataduras, más bien, muchas
veces debo forzarlas para ponerlas un poco fuera, para hacerles ver los males de la tierra y
hacerlas perorar con mayor ansia la salvación de mis hijos, y conseguirles el perdón por los
merecidos castigos, y ellas se sienten como sobre espinas y me fuerzan porque quieren entrar
en Mí, lamentándose de que no es para ellas la tierra. ¿Cuántas veces no lo he hecho contigo?
He debido mostrarme indignado para hacerte estar un poco en tu lugar, de otra manera no
habrías durado un minuto fuera de Mí, mi corazón sabe lo que he sufrido al verte fuera de Mí,
agitarte, afanarte, llorar, mientras los otros hacen esto para no dejarse atar tú lo hacías por vivir
en Mí, y ¿cuántas veces no tú misma te has enfadado por este mi obrar? ¿No recuerdas que
también hemos estado en controversia?”
(3) Y yo: “¡Ah!, sí, lo recuerdo, precisamente anteayer estaba ya por enojarme porque me
pusiste fuera de Ti, pero como te vi llorar por los males de la tierra, lloré junto Contigo y se me
pasó el enojo; eres propiamente un pilluelo, ¡oh! Jesús, ¿pero sabes por qué eres pilluelo? Por
amor. Para dar amor y para tener amor llegas a las diabluras, ¿no es verdad Jesús? Después
de un enojo, de un disgusto, una aflicción que pasamos juntos, ¿no nos amamos de más?”