dan la ocasión, o que privándolos de Mí no me son fieles, no me esperan, entonces en lugar de
hacerme deudor Yo, ellos se hacen deudores. Yo, si contraigo deudas tengo con qué pagar y
permanezco siempre el que soy, pero si las contraes tú, ¿cómo me pagarás? Por eso permanece
atenta en tu puesto, a tu estado de victima, como quiera que te tenga, si es que quieres hacerme
tu deudor”.
(3) Yo le he dicho: “¿Quién sabe, ¡oh! Jesús, cómo estará el padre, porque hoy no se sentía
bien, y no me he acordado de él para pedirte de continuo como hice anteayer”.
(4) Y Jesús: “Continúa estando más aliviado, porque cuando tú me pides de continuo, Yo
siento la fuerza de la oración y casi me impide el hacerlo sentir más sufriente, con el tiempo,
cesando esta oración continua, esta fuerza va perdiéndose y Yo quedo libre de hacerlo sufrir
más”.
+ + + +
10-47
Enero 11, 1912
El amor quiere la correspondencia del amor.
(1) Habiendo recibido la comunión, mi siempre amable Jesús se hacía ver en todo mi
alrededor, y yo en medio, como dentro de un túnel; Jesús era el túnel y yo la nada que me estaba
en medio de este túnel. Ahora, ¿quién puede decir lo que yo experimentaba en ese túnel? Me
sentía inmensa, sin embargo de mí no existía más que la nada, sentía que Jesús me infundía
su aliento, sentía este su aliento en torno a mí y por todas partes, pero no tengo palabras para
expresarme, soy demasiado ignorante, lo he escrito sólo por obedecer. Después Jesús me ha
dicho:
(2) “Hija mía, ve cuánto te amo y cómo te tengo custodiada dentro de mi túnel, esto es, dentro
de Mí, así deberías tenerme tú custodiado y reparado dentro de ti. El amor quiere la
correspondencia del amor para poder tener el gusto de hacer una sorpresa mayor de amor, por
eso no salgas jamás de dentro de mi amor, de dentro de mis deseos, de dentro de mis obras,
de dentro de mi todo”.
+ + + +
10-48
Enero 19, 1912
Jesús ata los corazones para unirlos Consigo
y hacer que pierdan todo lo que es humano.
La ingratitud humana.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, mi siempre amable Jesús se hacía ver con una
cuerda en la mano, y con ella iba atando los corazones y los estrechaba fuertemente a Él, de
manera que hacía que no se sintieran más a ellos mismos, sino que sintieran en todo a Jesús.
Los corazones, sintiéndose tan apretados se debatían, y mientras se debatían se aflojaba el
nudo que Jesús les había hecho, pensando que el no sentirse más ellos mismos era una
perjuicio para ellos. Jesús todo afligido por este obrar de las almas me ha dicho:
(2) “Hija mía, ¿has visto cómo las almas vuelven vanas mis ternuras de amor? Yo voy atando
los corazones para unirlos tanto Conmigo, de hacerles perder todo lo que es humano, y ellos en
lugar de dejarme hacer, viendo perdido lo que es humano pierden el aire, se afanan, se debaten
560 sig