(6) Y Jesús: “Cuando te tengo dentro de Mí te gozo Yo solo, cuando te pongo fuera te gozan
todos, y tú puedes tomar la defensa de tus hermanos, puedes perorar, puedes hacer que los
perdone, tan es verdad, que los santos dicen que Yo te contento más a ti que a ellos, que tomo
más gusto de tu amor que del de ellos, y Yo les digo que esto lo hago con amor y con justicia,
porque contigo puedo dividir mis penas, con ellos no, pues tú siendo viadora puedes tomar las
penas de otros y las mías sobre de ti, y con eso tienes la fuerza para desarmarme, a menos que
Yo no quisiera, como ayer que te até fuertemente los brazos para hacer que no te opusieras a
mi Querer, mientras que ellos, estas armas no las tienen más en su poder, tanto, que cuando
debo castigar me escondo de ti, pues me puedes hacer alguna fuerza, de ellos no me escondo”.
(7) Y yo: “Cierto, cierto ¡oh! Jesús que debes tomar más contento de mi amor que del de ellos,
porque su amor es de habitantes del Cielo, te ven, te gozan continuamente y están absorbidos
en tu Santísimo y Divino Querer, todos se han perdido en Ti, por eso, ¿qué gran cosa es su
amor, recibiendo vida continua de Ti? Mientras que yo, pobrecita de mí, que sólo tus privaciones
me dan muerte continua”.
(8) Y Jesús: “Pobre hija mía, tienes razón”.
+ + + +
10-37
Octubre 18, 1911
Jesús juega con el alma.
(1) Esta mañana mi dulcísimo Jesús se hacía ver en actitud de ponerme el dedo en la boca,
casi como si quisiera que alzara la voz para hablarle, y me decía:
(2) “Hazme un canto de amor, quiero distraerme un poco de lo que me hacen las criaturas,
háblame de amor, alíviame”.
(3) Y yo: “Házmelo Tú primero, que de Ti aprenderé para hacértelo yo”. Y Jesús me decía
tantas cosas de amor, y agregaba, ¿quieres jugar? Y yo: “Sí”. Y parecía que tomase una flecha
de dentro de su corazón y la mandase al mío, yo me sentía morir de dolor, y de amor me
contorsionaba.
(4) Y Jesús: “Yo te la he hecho, házmela tú a Mí”.
(5) Y yo: “No sé qué poner para hacértela, me debo servir de la tuya”. Y así he tomado su
flecha y la he lanzado dentro de su corazón, y Jesús quedaba herido y desfallecía, y yo lo
sostenía entre mis brazos, ¿pero quién puede decir todos lo que hacíamos?
(6) Ahora, cuando estaba en lo mejor ha desaparecido sin ni siquiera ayudarme a volver, me
parecía que me quería ayudar el ángel, y yo: “No, quiero a Jesús, ángel mío, llámalo, llámalo,
de otra manera aquí me estoy”. Y gritaba fuerte: “Ven, ven ¡oh! Jesús”. Y parecía que Jesús
venía, lo he vencido; bravo por Jesús, y así ayudándome a volver me ha dicho:
(7) “Tú ofendes al ángel”.
(8) Y yo: “No es verdad, quiero todo de Ti, y además él lo sabe, que entre todos yo te debo
querer mucho a Ti”. Jesús ha sonreído y ha desaparecido.
+ + + +
554 sig