entonces le he dicho: “Jesús, mi amor, cómo es ardiente tu aliento, quema a todos, da amor a
todos, especialmente a aquellos que lo quieren”.
(2) Y Él: “Quema tú a todos aquellos que se acercan a ti”.
(3) Y yo: “¿Cómo puedo quemarlos si no estoy quemada yo?” Y en ese momento parecía que
quería hablar de castigos, y yo. “Quieres comportarte como impertinente, ahora no, después se
pensará en eso”. Entonces parecía que los santos rogaban a mi dulce Jesús para ver si me
podían llevar con ellos al Cielo, y yo: “Mira Jesús como son buenos los santos que me quieren
llevar con ellos, y Tú no, no que no seas bueno, pero no eres bueno conmigo porque no me
llevas. ¡Oh, cómo todos son crueles, crueldad mayor que ésta no se puede dar, que me quieren
tener atada a la tierra!” Jesús se ha retirado dejándome amargada.
+ + + +
10-35
Octubre 16, 1911
Más amenazas de hacer que Italia sea invadida
por los extranjeros, y ella se enoja con Jesús.
(1) Esta mañana mi siempre amable Jesús amenazaba fuerte con hacer invadir a Italia por
gente extranjera, y yo disgustándome con Él he dicho: “Quieres hacer propiamente como
impertinente, dices que me quieres mucho y no quieres contentarme en nada, y bravo por Jesús,
¿esto es lo mucho que me quieres?”
(2) Y Jesús: “Para hacerte ver que te quiero mucho, por amor tuyo perdonaré tu pueblo, ¿no
estás contenta?”
(3) Y yo gritando fuerte: “No Señor, no lo puedes hacer”.
(4) Y Jesús: “Qué ¿te enojas?”
(5) Y yo: “Sí, hoy quedo enojada Contigo”. Y ha desaparecido. Pero yo espero que se aplaque.
Y parecía que me ataba fuertemente a Él para hacerme hacer su Querer.
+ + + +
10-36
Octubre 17, 1911
Jesús toma más gusto del amor del alma viadora que del de los santos.
(1) Mi dulcísimo Jesús parece que ha venido un poco más de lo acostumbrado. Parecía que
tenía la corona de espinas, y yo, quitándosela la he clavado en mi cabeza, pero después de un
poco, mirando a Jesús lo veía de nuevo coronado de espinas:
(2) “Y Jesús: “Mira hija mía cómo me ofenden, una corona me has quitado y otra más me han
tejido, no me dejan libre, continuamente me tejen coronas de espinas”.
(3) Y yo nuevamente se la he quitado, y Jesús complaciéndose se ha acercado a mi boca y
ha vertido un poco de licor dulcísimo, y yo: “Jesús, ¿qué haces? Tú estás lleno de amarguras,
¿y a mí me das dulzuras? Esto no conviene”.
(4) Y Jesús: “Déjame hacer a Mí, también tú tenías necesidad de ser confortada, es más,
quiero que tomes un poco de reposo en mi corazón”.
(5) ¡Oh, cómo se estaba bien! Después me ha puesto fuera, y yo: ¿Por qué me pones fuera?
Estaba tan bien en tu corazón, ¡cómo era bello!”