(2) “Hija mía, paciencia, pórtate como una valiente, como una heroína, ánimo, por ahora
déjame castigar y después vendré como antes”.
(3) Recuerdo también que estando pensativa acera de mi estado me dijo:
(4) “Hija mía, quien quiere poner atención a las dificultades, a las dudas, a sí mismo, es como
aquellas personas melindrosas que hacen asco de todo, y en lugar de pensar en alimentarse
piensan en las asquerosidades, aunque no las hubiera, y por tanto crecen enflaquecidas,
cadavéricas y así mueren; así es de las almas que de todo quedan pensativas, crecen
enflaquecidas y así mueren”.
(5) Me ha dicho alguna otra cosita, pero no la recuerdo bien. Entonces esta mañana
encontrándome fuera de mí misma, me he encontrado al niño Jesús en mis brazos, que lloraba
fuerte, fuerte, porque oía decir que lo querían arrojar de Italia. Tomamos camino hacia Francia,
y no lo querían recibir, y mi siempre amable Jesús, llorando decía:
(6) “Todos me arrojan, ninguno me quiere, y Yo, obligado por ellos mismos los flagelaré”.
(7) Mientras estaba en esto veía calles llenas de piedras, de fuego, con gran daño de
ciudades.
(8) “¿Has visto? Retirémonos hija mía, retirémonos”.
(9) Y así nos hemos retirado en mi cama y ha desaparecido. Después de otros días, rogándole
que se calmara, por los tantos flagelos que se oyen, me ha dicho:
(10) “Hija mía, me tratan como a un perro, y Yo los haré matarse entre ellos como perros”.
(11) ¡Oh! Dios, qué espanto. Aplácate oh Señor, aplácate!
+ + + +
10-28
Octubre 6, 1911
Jesús se esconde para poder castigar. Con Jesús
el alma puede todo, sin Él no puede nada.
(1) Estaba pensando para mí misma: “Cómo es posible que Jesús bendito, para castigar a los
pueblos me deba privar de su amable presencia; quisiera ver si no es que va a otras almas para
hacerse ver; creo que sean excusas, o que hay en mí alguna cosa que le impida venir”. Y Jesús,
haciéndose apenas ver me ha dicho:
(2) “Hija mía, es verdad que por los castigos no vengo frecuentemente; y aun admitiendo que
vaya a alguna otra alma, esto no dice nada, porque el todo está en el estado al cual han llegado
las almas con mi gracia, por ejemplo: Si Yo fuera a un alma principiante, o bien que no haya
llegado a la posesión de Mí como si fuera todo suyo, poco o nada me haría, no tendría aquel
atrevimiento, aquella confianza de desarmarme, de atarme como le plazca. Éstas están ante Mí
todas tímidas, y con razón, porque no han entrado en Mí como dueñas para poder disponer
como quieran, en cambio, el alma cuando ha llegado a poseerme es atrevida, confiada, conoce
todos los secretos divinos y puede decirme, y con razón: “Si eres mío, quiero hacer lo que
quiero”. He aquí por qué para poder obrar me escondo, porque sufrirían mucho al unirse
Conmigo en castigar, o bien me lo impedirían. He aquí hija mía la necesidad de que no me
manifieste, de otra manera, quiero oírlo de ti misma, ¿qué me harías? ¿Cuánto no te opondrías?”
(3) Y yo: “Cierto Señor, debería comportarme en todo como me has enseñado Tú mismo,
amar a las criaturas como tus imágenes y como Tú mismo. Si yo te viese como antes, jamás
podrías permitir la guerra en Italia, Tú te escondes y yo permanezco nada y la pura nada, Contigo
puedo todo, sin Ti no puedo nada”.
(4) Y Jesús: “¿Has visto? Lo dices tú misma, así que viniendo a ti la guerra se reduciría a un
juego, mientras que mi Voluntad es que lleve tristes y graves consecuencias. Por eso te repito
549 sig