(1) Estaba pensando en la Celestial Mamá cuando tenía a mi siempre amable Jesús muerto
en sus brazos, en qué hacía y cómo se ocupaba de Jesús. Y una luz acompañada de una voz
en mi interior decía:
(2) “Hija mía, el amor obraba potentemente en mi Madre. El amor la consumía toda en Mí, en
mis llagas, en mi sangre, en mi misma muerte y la hacía morir en mi amor; y mi amor,
consumiendo el amor y a toda mi Madre, la hacía resurgir de amor nuevo, o sea, toda de mi
amor. Así que su amor la hacía morir, mi amor la hacía resurgir a una vida nueva toda en Mí, de
una mayor santidad y toda divina. Así que no hay santidad si el alma no muere en Mí; no hay
verdadera vida si no se consume toda en mi amor”.
+ + + +
10-25
Junio 23, 1911
El amor no está sujeto a muerte. No hay
poder ni derechos por encima del amor.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, en cuanto ha venido el bendito Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, el amor no está sujeto a muerte, no hay poder, no hay derechos por encima del
amor; el amor es eterno, y para quien ama, es eterno Conmigo. El amor no teme de nada, no
duda de nada, y los mismos males los convierte en amor. El Amor soy Yo mismo, y amo tanto a
quien en todo me ama y que todo lo hace por amor, que ¡ay! por quien lo toca, los haré quedar
quemados por el fuego de mi tremenda Justicia”.
+ + + +
10-26
Julio 2, 1911
Donde hay amor hay vida, sin el amor todo está muerto.
(1) Continuando mi habitual estado, en cuanto ha venido el bendito Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, donde hay amor hay vida, y no vida humana sino vida divina; así que todas las
obras, aun buenas y no hechas por amor, son como un fuego pintado que no da calor, o como
agua pintada que no quita la sed y no purifica. ¡Oh! cuántas obras pintadas, o bien muertas van
siendo hechas por las personas, aún por aquellas consagradas a Mí, porque sólo el amor es el
que contiene la vida, ninguna otra cosa contiene tanta potencia de dar vida a todo, es más, sin
el amor todo está muerto”.
+ + + +
10-27
Septiembre 6, 1911
Quien pone atención a sí mismo crece enflaquecido.
(1) Continúa casi siempre lo mismo, o sea con privaciones amarguísimas y con silencio de
Jesús; a lo más solamente se hace ver y me dice cosas repetidas, por eso no las escribo.
Recuerdo que cuando yo emito algún lamento por mi estado, me dice en mi interior: