10-18
Marzo 24, 1911
Ruega por las necesidades de la Iglesia.
(1) Continuando mi habitual estado, mi siempre amable Jesús ha venido, y yo le rogaba por
ciertas necesidades de la Iglesia y por un cierto B. que ha editado libros de infierno, y me ha
dicho:
(2) “Hija mía, no ha hecho otra cosa que arrojarse mayormente en el fango; una mente de
sano criterio pronto verá cómo es necio y cómo Yo lo he cegado, pues no ha puesto fuera
ninguna verdadera fuerza de razón en lo que él afirma. No quiero que los sacerdotes se den
premura de leerlo, volviéndose demasiado viles si lo hacen, y pasarán los límites de su dignidad,
como si quisieran poner atención al disparate de un niño, y por eso le darán campo para que
haga otros disparates, pero si no le prestan atención, al menos le darán el dolor de que nadie
tome en serio lo que él hace, y de que ninguno lo aprecie. Responderán con obras dignas de su
ministerio, esta es la más bella respuesta. ¡Ah! a aquél le sucederá que caerá en la trampa que
prepara para los demás”.
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10-19
Marzo 26, 1911
El único consuelo que consuela a Jesús es el amor.
(1) Esta mañana, encontrándome fuera de mí misma veía a la Celestial Mamá con el niño en
brazos; el divino niño me ha llamado con su pequeña manita, y yo he volado a ponerme de
rodillas ante la Mamá Reina, y Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, hoy quiero que hables con nuestra Mamá”.
(3) Y yo he dicho: “Celestial Mamá mía, dime, ¿hay alguna cosa en mí que disguste a Jesús?”
(4) Y Ella: “Amadísima hija mía, estate tranquila, por ahora no veo nada que disguste a mi
Hijo, si, jamás sea, llegas a incurrir en alguna cosa que pueda disgustarlo, rápidamente te
avisaré, confíate en tu Mamá y no temas”.
(5) Como la Celestial Reina me aseguraba lo anterior, me sentía infundir nueva vida, y he
agregado: “Dulcísima Mamá mía, ¿en qué tristes tiempos estamos, dime, es verdad que Jesús
quiere las casas de reunión de los sacerdotes?”
(6) Y Ella: “Ciertamente las quiere, porque las olas están por elevarse demasiado alto, y estas
reuniones serán las anclas, las lamparitas, el timón con el cual la Iglesia se salvará del naufragio
en la tempestad, porque mientras parecerá que la tempestad haya sumergido todo, después de
la tempestad se verá que han permanecido las anclas, las lamparitas, el timón, o sea las cosas
más estables para continuar la vida de la Iglesia. Pero, ¡oh! cómo son viles, cobardes y duros
de corazón, casi ninguno se mueve mientras que son tiempos de obras, los enemigos no
reposan, y ellos se están negligentemente, pero peor será para ellos”.
(7) Después ha agregado: “Hija mía, busca suplir todo con el amor, una sola cosa te importe,
amar, un solo pensamiento, una sola palabra, una sola vida, amor; si quieres contentar y agradar
a Jesús, ámalo y dale siempre ocasión de hablar de amor, éste es su único consuelo que lo
reconforta, el amor; dile que te hable de amor y Él se pondrá en fiesta”.
(8) Y yo: “Tierno Jesús mío, ¿escuchas lo que dice nuestra Mamá? Que te pida amor y que
hables de amor”.