(9) Y Jesús festejando ha dicho tales y tantas cosas de la virtud, de la altura, de la nobleza
del amor, que no me es dado saber decirlo con mi lenguaje humano, por eso mejor pongo punto
final.
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10-20
Mayo 16, 1911
Jesús no quiere confundir a los enemigos de la
Iglesia, y llora por las llagas dolorosas que
hay en el cuerpo de Ella.
(1) Estaba rogando al bendito Jesús que confundiese a los enemigos de la Iglesia, y mi
siempre amable Jesús al venir me ha dicho:
(2) “Hija mía, podría confundir a los enemigos de la santa Iglesia, pero no quiero, si esto
hiciera, ¿quién purgaría a mi Iglesia? Los miembros de la Iglesia, y especialmente quien está en
puestos y en altura de dignidades, tienen los ojos cegados y se equivocan grandemente, tanto,
que llegan a proteger a los fingidos virtuosos y a oprimir y condenar a los verdaderos buenos,
esto me disgusta sobre manera, ver a aquellos pocos verdaderos hijos míos bajo el peso de la
injusticia, aquellos hijos de los cuales debe resurgir la Iglesia y a los que Yo estoy dando mucha
gracia para disponerlos a esto, Yo los veo puestos de espaldas al muro y atados para impedirles
los pasos, esto me duele tanto, que me siento todo furor por ellos.
(3) Escucha hija mía, Yo soy todo dulzura, benigno, clemente y misericordioso, tanto, que por
mi dulzura rapto los corazones, pero también soy fuerte, de desgarrar e incinerar a aquellos que
no sólo oprimen a los buenos, sino que llegan a impedir el bien que quieren hacer. ¡Ah! tú lloras
por los seglares, y Yo lloro las llagas dolorosas que hay en el cuerpo de la Iglesia, las que me
adoloran tanto, de sobrepasar las llagas de los seglares, porque son por la parte que no me
esperaba, y que me hacen disponer a los seglares a clamar en contra de ellos”.
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10-21
Mayo 19, 1911
La confianza rapta a Jesús. Él quiere que el alma
se olvide de sí misma y se ocupe sólo de Él.
(1) Continuando mi habitual estado, mi siempre amable Jesús se hacía ver todo afligido, y yo
me estaba junto a Él para compadecerlo, amarlo, abrazarlo y consolarlo con toda la plenitud de
la confianza, y mi dulce Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, tú eres mi contento, así me agrada, que el alma se olvide de sí misma, de sus
miserias, que se ocupe sólo de Mí, de mis aflicciones, de mis amarguras, de mi amor, y que con
toda confianza se esté junto a Mí. Esta confianza me rapta el corazón y me inunda de mucha
alegría, porque como el alma se olvida de sí por Mí, así Yo olvido todo por ella y la hago una
sola cosa para Mí, y llego no sólo a darle, sino a hacerle tomar lo que quiere. Al contrario el alma
que no olvida todo por Mí, aun sus miserias y se quiere estar en torno a Mí con todo respeto,
con temor y sin la confianza que me rapta el corazón, y como si quisiera estar con temerosa
compostura Conmigo y toda reservada, a esta tal nada le doy y nada puede tomar, porque falta
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