(2) Y Él rápidamente: ¡Ah, hija mía, el interés es el veneno del sacerdote, y se ha infiltrado
tanto en ellos que les ha envenenado el corazón, la sangre y hasta la médula de los huesos.
¡Oh! cómo los ha sabido enredar el demonio, habiendo encontrado en ellos la voluntad dispuesta
para ser entretejida. Mi Gracia ha usado todo su arte para formar en ellos el tejido del amor y
darles el contraveneno del interés, pero no encontrando su voluntad dispuesta, poco o nada ha
tejido de divino, por eso el demonio no pudiendo impedir del todo estas casas de reunión de
sacerdotes, lo cual le ha provocado mucha pérdida, se contenta con mantener la tela que les ha
tejido con el veneno del interés. ¡Oh! si tú vieras cuán pocos son los que están dispuestos a
segregarse de la familia y a derramar este veneno del interés, llorarías conmigo, ¿no ves cómo
discuten entre ellos respecto a este punto, cómo quedan agitados, cómo se enardecen los
ánimos? Más bien creen que es un disparate y que eso no se aplica a su estado”.
(3) Mientras esto decía, yo veía a los sacerdotes dispuestos para esto, y cuán escaso era el
número de ellos. Jesús ha desaparecido y yo me he encontrado en mí misma. Ahora, sintiendo
repugnancia de escribir estas cosas que corresponden a los sacerdotes, pero habiendo hecho
el sacrificio porque así lo quiere la obediencia, mi amado Jesús ha venido y me ha dado un beso
para recompensarme por el sacrificio hecho y ha agregado:
(4) “Hija amada mía, no has dicho todo sobre los inconvenientes que traería si el sacerdote
queda estorbado por la atadura de la familia, las tantas vocaciones equivocadas por las cuales
la Iglesia llora amargamente en estos tristes tiempos; ciertamente no se verían tantos
modernistas, tantos sacerdotes vacíos de verdadera piedad, tantos de ellos dados a los
placeres, a la incontinencia y tantos otros que ven cómo se pierden las almas como si no fuera
nada, sin la mínima amargura, y tantos otros desatinos que hacen, estos son signos de
vocaciones equivocadas. Y si las familias ven que no hay nada más que esperar por parte de
los sacerdotes, a ninguno le vendrán ganas de incitar a sus hijos para hacerse sacerdotes, ni a
los hijos les vendrá el pensamiento de enriquecerse, de elevar a la familia por medio de su
ministerio”.
(5) Y yo: “¡Ah! mi dulce Jesús, en lugar de decirme a mí estas cosas, ve a los dirigentes, a los
obispos, porque ellos que tienen la autoridad pueden lograr contentarte en este punto, pero yo,
tan pobre, ¿qué puedo hacer? No otra cosa que compadecerte, amarte y repararte”.
(6) Y Jesús: “Hija mía, ¿a los dirigentes, a los obispos? El veneno del interés ha invadido a
todos, y como casi todos están presos por esta fiebre pestífera, les falta el valor de corregir y de
poner un freno a quienes dependen de ellos. Y además, Yo no soy comprendido por quien no
está despojado de todo y de todos, mi voz suena muy mal a sus oídos, más bien les parece un
absurdo, una cosa que no es conveniente a la condición humana; pero si hablo contigo nos
comprendemos suficientemente, y si no encuentro otra cosa, encuentro un desahogo a mi dolor
y tú me amarás de más, porque sabes que estoy amargado”.
+ + + +
10-13
Enero 17, 1911
Los gobernantes civiles escucharán más a Jesús que
los jefes eclesiásticos. Las casas de reunión de
sacerdotes se llamarán casas del resurgimiento de la fe.
(1) Continuando mi habitual estado, mi siempre amable Jesús ha venido, pero tan afligido y
tan ardiente de amor, que deliraba y pedía un refrigerio, y poniendo sus brazos a mi cuello me
ha dicho:
(2) “Hija mía, dame amor, este es el único refrigerio para calmar mis desvaríos de amor”.
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