(2) “Hija mía, el punto que más me importa y me interesa, es el separar perfectamente al
sacerdote de su familia. Que den todo lo que tienen a la familia, y para ellos se queden solamente
con lo personal, y como ellos deben mantenerse de la Iglesia, justo es que las cosas, de donde
vienen, allí vayan a parar, esto es, que todo lo que puedan tener debe servir para mantenerse
ellos y engrandecer las obras de mi gloria y para el bien del pueblo, de otra manera Yo no haré
que la gente sea dadivosa con ellos; pero no sólo esto, sino que si ellos se separan físicamente
de su familia, pero no con el corazón, de esto surgirá la avidez por ver quien puede tener más
ganancias para poder dar más a su familia, y esto causará envidias entre ellos si se asigna un
puesto de mayor lucro a uno que a otro; en la práctica verán cuántos males vendrán, cuántas
desuniones, celos, rencores y más si no corrigen este punto tan esencial. Yo prefiero quedarme
con pocos sacerdotes y no con muchos que corrompan la obra tan querida por Mí. ¡Ah hija mía,
cuántos Ananías saldrán! Y cómo sabrán defender, patrocinar, excusar este tan bien querido
ídolo del interés. ¡Ah! sólo de quien se consagra a Mí tengo esta desventura, que en vez de
poner atención a Mí, a mi honor, a mi gloria y a la santificación que conviene a su estado, Yo les
sirvo sólo de tapadera, y su finalidad es de poner atención a sus familias, a los sobrinos. ¡Ah! no
así en quien se da al mundo, más bien buscan escatimar con sus familias, y si no pueden hacerlo
llegan a desconocer a los propios padres.
(3) Cuando el sacerdote no se ocupa solamente de mi gloria y de los oficios pertenecientes a
su ministerio sacerdotal, no es otra cosa que un hueso dislocado que me da dolor a Mí, dolor a
sí mismo y dolor al pueblo, y deja frustrada su vocación; y así como cuando un hueso no está
en su lugar da siempre dolor, y con no participar de los humores del cuerpo con el tiempo se
atrofia, y es necesario separarlo tanto por la inutilidad como por el dolor que causa a los otros
miembros, así los sacerdotes cuando no se ocupan sólo de Mí, siendo huesos separados de mi
cuerpo quedan secos, porque no participan en los influjos de mi gracia, y Yo los retengo y los
retengo, pero si veo su dureza los arrojo lejos de Mí, ¿y sabes dónde? En lo más profundo del
infierno”.
(4) Después ha agregado: “Escribe, manda decir a aquel padre al cual confío esta misión de
sacerdotes, que esté firme en este punto, que me lo vuelva inviolable, dile también que lo quiero
en la cruz y siempre Conmigo crucificado”.
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10-12
Enero 15, 1911
El interés es el veneno del sacerdote. Dios no
es comprendido por quien no está
despojado de todo y de todos.
(1) Continuando mi habitual estado, mi adorable Jesús se hacía ver llorando, porque me lo
había traído la Celestial Mamá para que lo tranquilizara, y yo hacía cuanto podía por lograrlo, lo
besaba, lo acariciaba, me lo estrechaba, le decía: “¿Qué quieres de mí? ¿No quieres amor para
que te sientas feliz y calmar tu llanto? ¿No me has dicho Tú mismo otras veces, que tu felicidad
es mi amor? Y yo te amo mucho, mucho, pero te amo junto Contigo, porque por mí sola no sé
amarte; dame tu aliento ardiente que convierte todo mi ser en una llama de amor, y después te
amo por todos, te amo con todos, te amo en los corazones de todos”. ¿Pero quién puede decir
todos mis desatinos? Entonces parecía que se tranquilizaba un poco, y para hacer que mi dulce
Jesús no llorara más le he dicho: “Vida mía y mi todo, consuélate, ahora que hagan las casas
de reunión de sacerdotes, ¡oh! cómo quedarás consolado”.
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