escarnio de las gentes. El medio más adecuado sería formar estas casas de reunión de
sacerdotes para segregarlos de la familia, porque la familia mata al sacerdote; estas casas él
las debe promover, impulsar, aunque tenga que amenazar. Si me salva a éstos, me ha salvado
a todos las gentes”.
(3) Después tuve cuatro comunicaciones de Jesús con respecto a estas reuniones, las escribí
y se las di a aquel sacerdote, por eso no creía necesario repetirlas en mis escritos, pero la
obediencia quiere que las escriba, y yo hago el sacrificio:
(4) 1.- Mi adorable Jesús me ha dicho: “La misión que le daré es alta y sublime, en modo
especial por los sacerdotes. La fe en las gentes está casi apagada, y si hay alguna llamita está
como escondida bajo las cenizas; la vida de los sacerdotes y sus malos ejemplos, la vida casi
toda secular y quizá peor aún, se dan la mano para hacer morir aquella llamita, ¿y qué será de
las gentes? Por eso lo he llamado, a fin de que se interese en mi causa, y con el ejemplo, con
la palabra, con las obras y con el sacrificio, ponga un remedio. El remedio más apto, más
oportuno y eficaz sería formar las casas de reunión de los sacerdotes en los diferentes pueblos,
segregarlos de la familia, porque la familia mata al sacerdote y arroja en las gentes tinieblas de
interés, tinieblas de aprecio de cosas mundanas, tinieblas de corrupción, en suma, le quita todo
el brillo, el esplendor de la dignidad sacerdotal y lo hace volverse la burla del pueblo. Yo le daré
intrepidez, valor y gracia si se pone a la obra”.
(5) Además de esto, parecía que el bendito Jesús le embellecía el corazón, ahora de amor y
ahora de dolor, haciéndolo partícipe de sus penas.
(6) 2.- Continúa mi sumo y único bien diciéndome el gran bien que le vendría a la Iglesia con
formar estas casas de reunión: “Los buenos se harán más buenos; los imperfectos, los tibios,
los debilitados, se harán buenos; los malos malos saldrán fuera, y entonces he aquí cribado y
purificado el cuerpo de los ministros de mi Iglesia, y quedando purificada la parte más elegida,
más sagrada, las gentes quedarán reformadas”.
(7) Mientras estaba en esto, veía ante mi mente como dentro de un cuadro a Corato, y a los
sacerdotes que debían ponerse a la cabeza de la obra, pero dirigida por el padre G., los
sacerdotes parecía que eran don C., D., B., y D., C., F., seguidos por otros, y parecía que debían
poner parte de sus pertenencias. Y mi amable Jesús ha agregado:
(8) “Es necesario organizar bien la cosa para no hacer huir a ninguno, y procurarles los medios
necesarios para no oprimir al pueblo; para esto he aquí la paga, las entradas de la parroquia,
hay que comprometer a éstos que harán parte de estas reuniones, y ellos mantendrán el coro y
todos los otros oficios pertenecientes a su ministerio. Al principio se suscitarán contradicciones
y persecuciones, pero a lo más dentro de los mismos sacerdotes, pero pronto cambiarán las
cosas y el pueblo estará con ellos, y a manos llenas los proveerán y gozarán la paz y el fruto de
sus fatigas, porque a quien está Conmigo, Yo permito que todos estén con ellos”.
(9) Después, mi siempre amable Jesús se ha arrojado en mis brazos, todo afligido y
suplicante, tanto de enternecer a las mismas piedras, y ha dicho:
(10) “Di al padre G. que le pido, le suplico que ayude a que se salven, y que no deje perecer
a mis hijos”.
(11) 3.- Continúa mi siempre amable Jesús sobre el mismo argumento. Estando presentes los
padres veía el Cielo abierto y a mi adorable Jesús y a la Celestial Mamá que venían a mí, y a
los santos que del Cielo nos miraban, y mi benigno Jesús decía:
(12) “Hija mía, di al padre G. que absolutamente quiero la obra; ya comienzan a poner
dificultades, dile que no se necesita otra cosa que arrojo, valor y desinterés, es necesario cerrar
los oídos a todo lo que es humano y abrirlos a lo que es divino, de otra manera las dificultades
humanas serán la red que los enredará, de tal modo que no sabrán salir fuera, y Yo justamente
los castigaré volviéndolos los guiñapos de los pueblos; pero si en cambio prometen ponerse a
la obra, Yo seré todo para ellos, y ellos no serán otra cosa que las sombras que seguirán la obra
tan deseada por Mí, y no sólo, sino que tendrán otro gran bien, porque es necesario que la