10-6
Diciembre 2, 1910
La llamita de Jesús.
(1) Continuando mi habitual estado, mi siempre amable Jesús ha venido, y yo me veía a mí
misma como una llamita, y esta llamita giraba en torno a mi amado Jesús, y ahora se detenía
en la cabeza, ahora en los ojos, ahora entraba en la boca y descendía dentro, hasta lo íntimo
de su corazón adorable, después salía de él y giraba, y Jesús se la ponía hasta debajo de sus
pies, y en vez de extinguirse al calor de las plantas divinas se encendía de mas y con más
velocidad salía de debajo de sus pies y giraba de nuevo en torno a Jesús, y ahora rezaba con
Jesús, ahora amaba, ahora reparaba, en suma, hacía lo que hacía Jesús y con Jesús, esta
llamita se hacía inmensa, abrazaba a todos en la oración, no le escapaba ninguno, se
encontraba en el amor de todos y por todos amaba, reparaba, suplía por todos y por todo. ¡Oh,
cómo es admirable e inenarrable lo que se hace con Jesús!, me faltan las palabras para poder
poner en el papel las expresiones de amor y de otras cosas que se hacen con Jesús; la
obediencia quisiera, pero la mente se va a lo alto para tomar de Jesús las palabras y desciende
a lo bajo, hace por encontrar las expresiones, las palabras del lenguaje natural y no encuentra
el camino para sacarlo fuera, por eso no puedo. Entonces mi amado Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, tú eres la llamita de Jesús, la llamita puede estar en cualquier parte, puede
penetrar en todo, no ocupa lugar, a lo más vive en lo alto y gira, y también es deleitable”.
(3) Y yo: “Ah Jesús, es muy débil y es fácil de apagarse la llamita, y si se apaga no hay forma
de darle nueva vida, así que pobre de mí si llego a apagarme”.
(4) Y Jesús: “No, no, la llamita de Jesús no se puede apagar, porque su vida es alimentada
por el fuego de Jesús, y las llamitas que tienen vida de mi fuego no están sujetas a muerte, y si
mueren, mueren en el mismo fuego de Jesús. Te he hecho llamita para poder divertirme más
contigo, y por la pequeñez de la llamita puedo servirme de ella para hacerla girar continuamente
dentro y fuera de Mí y tenerla en cualquier parte que quiera de Mí mismo, en los ojos, en los
oídos, en la boca, bajo los pies, donde mejor me plazca”.
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10-7
Diciembre 22, 1910
Para poder obrar cosas grandes para Dios, es
necesario destruir la estima propia, el respeto
humano y la propia naturaleza.
(1) Continuando mi habitual estado, veía ante mi mente a varios sacerdotes, y el bendito Jesús
decía:
(2) “Para ser hábil en obrar cosas grandes para Dios, es necesario destruir la estima propia,
el respeto humano y la propia naturaleza, para revivir de la Vida Divina y preocuparse sólo de la
estima de Nuestro Señor y de lo que corresponde al honor y gloria suya; es necesario triturar,
pulverizar lo que concierne a lo humano para poder vivir de Dios; y he aquí que, no ustedes,
sino Dios en ustedes hablará, obrará, y las almas y las obras a ustedes confiadas tendrán
espléndidos efectos, y tendrán los frutos deseados por ustedes y por Mí, como la obra de las
reuniones de los sacerdotes que te dije antes, y uno de estos podría ser hábil para promover y
también efectuar esta obra, pero un poco de estima propia, de vano temor, de respeto humano
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