9-51
Octubre 29, 1910
Las tres armas para vencer la turbación.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, Jesús se hizo ver un poco y yo le dije: “Vida de mi
vida, mi amado Jesús, en estos días pasados he estado turbada, y Tú que eres tan celoso de
mi paz, no has tenido en estos días pasados una sola palabra para darme la paz tan querida por
Ti”. Y Él:
(2) “Ah, hija mía, Yo estaba flagelando y destruyendo pueblos y sepultando vidas humanas,
por eso no he venido. Pero en este día de tregua, porque después de nuevo tomaré el flagelo
en la mano, pronto he venido a verte; ahora, debes saber que las cosas hechas con pureza de
intención, las obras justas y todo lo que se hace por mi amor, si Yo no lo premiase faltaría a un
deber de justicia y todos mis demás atributos quedarían obscurecidos. Por lo tanto, estas son
las tres armas más potentes para destruir esta baba venenosa e infernal de la turbación.
Entonces, si la necesidad de flagelar me obliga a no venir por algunos días, y este aire de infiero
te quisiera investir, combátelo con estas tres armas: La pureza de intención, la obra justa y buena
en sí misma de víctima, y sacrificarte por Mí con la sola finalidad de amarme. Con esto vencerás
cualquier turbación y la encerrarás en lo más profundo del infierno, y con el no preocuparte
girarás la llave para no dejarla salir más y que te pueda molestar”.
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9-52
Noviembre 1, 1910
La consumación en la unidad de
voluntades, forma la unidad suprema.
(1) Continuando mi habitual estado, en cuanto ha venido el bendito Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, la unidad suprema es cuando el alma llega a tal estrechez de unión con mi
Voluntad, que consume cualquier sombra de su querer, de modo que no se discierne más cuál
sea mi Querer y cuál el suyo. Así que mi Querer es la vida de esta alma, de manera que cualquier
cosa que dispongo tanto sobre ella como sobre los demás, en todo está contenta, cualquier cosa
le parece conveniente para ella, la muerte, la vida, la cruz, la pobreza, etc., las mira todas como
cosas suyas y que sirven para mantener su vida. Llega a tanto, que aun los castigos no la
asustan más, sino que en todo está contenta del Querer Divino, tanto que le parece que si Yo lo
quiero ella lo quiere, y si ella lo quiere el Señor lo hace, Yo hago lo que quiere ella, y ella hace
lo que quiero Yo. Éste es el último punto de la consumación de tu voluntad en la mía, que tantas
veces te he pedido, y que la obediencia y la caridad hacia el prójimo no te lo han permitido, tanto,
que muchas veces Yo he cedido ante ti en no castigar, pero tú no has cedido a Mí, por eso estoy
obligado a esconderme de ti, para estar libre cuando la justicia me forza y los hombres llegan a
provocarme para tomar el flagelo en mi mano para castigar a la gente. Si te tuviera Conmigo,
con mi Voluntad en el acto de flagelar, tal vez habría disminuido el flagelo, porque no hay
potencia mayor ni en el Cielo ni en la tierra, que un alma que en todo y por todo está consumada
en mi Voluntad; ésta llega a debilitarme y me desarma como le place. Esta es la unidad suprema;
además está la unidad baja, en la cual el alma está resignada, sí, pero no ve mis disposiciones
como cosa suya, como vida suya, ni se hace feliz en ella, ni pierde su voluntad en la mía. A ésta
la veo, sí, pero no llega a enamorarme, ni llego a enloquecer por ella como lo hago con aquellas
de la unidad suprema”.