(6) Y Jesús: “Sí, se encuentra nadando en la luz, porque esta luz la tenía en depósito, y en el
acto de morir esta luz lo ha investido y no lo dejará jamás”.
(7) Yo entendía que esa luz eran sus obras buenas hechas con pureza de intención.
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9-50
Octubre 24, 1910
La turbación, sus efectos. Todo sale de los dedos de Dios.
(1) Estaba sumamente afligida por la privación de mi amable Jesús, y habiendo recibido la
comunión me lamentaba de su ausencia, y Jesús me ha dicho en mi interior:
(2) “Hija mía, están sucediendo y sucederán cosas tristes, tristísimas”.
(3) Yo quedé aterrorizada. Después he pasado varios días sin Jesús, sólo que frecuentemente
oía que me decía:
(4) “Hija mía buena, paciencia porque no vengo, después te diré el por qué”.
(5) Entonces me la pasaba amargada, sí, pero pacífica; luego tuve un sueño que me ha
entristecido mucho y también turbado, mucho más que no viendo a Jesús, no tenía a quién
dirigirme para ser circundada por la atmósfera de paz que sólo Jesús posee. ¡Oh! cuánto es de
compadecer un alma turbada, la turbación es un aire infernal que se respira, y este aire de
infierno hace salir el aire celestial de la paz y toma el puesto de Dios en el alma; la turbación
resoplando este aire infernal en el alma la domina tanto, que aún las cosas más santas, más
puras, con su soplo infernal las hace aparecer como las cosas más feas y perniciosas, pone
todo en desorden, y el alma cansada de este desorden es infectada por este aire de infierno, se
fastidia de todo y siente aburrimiento y tedio hasta del mismo Dios.
(6) Yo sentía este aire de infierno, no dentro de mí, sino sólo en torno a mí, sin embargo me
ha hecho tanto mal que ya ni pensaba en que Jesús no venía, es más, me parecía que ni siquiera
lo quería. Es verdad que la cosa era muy seria y no una bagatela; se trataba de que me era
asegurado que no me encontraba en buen estado, por lo tanto los sufrimientos, las venidas de
Jesús no eran Voluntad de Dios, y que debía terminar con eso de una vez por todas. No digo
todo al respecto porque no lo creo necesario; lo he escrito sólo por obedecer.
(7) Después, la noche siguiente veía que del Cielo descendía agua como un diluvio y que
hacía mucho daño inundando pueblos enteros, y era tanta la impresión del sueño que yo no
quería ver nada. En ese momento una paloma que volaba a mi alrededor me dijo:
(8) “El moverse de las hojas, de la hierba, el murmullo de las aguas, la luz que invade la tierra,
el motor de toda la naturaleza, todo, todo sale de los dedos de Dios, piensa tú si sólo tu estado
no debe salir de los dedos de Dios”.
(9) Luego, viniendo el confesor le he dicho todo mi estado, y él me dijo que había sido el
demonio para molestarme. He quedado un poco más calmada, pero como una que acaba de
sufrir una grave enfermedad.
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