9-46
Septiembre 11, 1910
Jesús quiere amor, verdad y rectitud de las almas.
Un alma unida perfectamente a la Divina Voluntad,
hace vencer la Misericordia sobre la Justicia.
(1) Continuando mi habitual estado, parecía que el confesor ponía la intención de hacerme
sufrir la crucifixión. Después de un poco de espera, el bendito Jesús ha concurrido y me ha
dicho:
(2) “Hija mía, por el mundo no puedo más, mucho me mueven a indignación, me arrancan por
la fuerza los flagelos de las manos”.
(3) Y mientras esto decía, veía un fuerte aguacero que dañaba los viñedos. Después he
rezado por el confesor, que parecía presente; quería tomarle las manos para hacérselas tocar
por Jesús, y parecía que Jesús lo hacía, le pedía que le dijera al padre lo que quería de él, y
Jesús le ha dicho:
(4) “Quiero amor, verdad y rectitud. Lo que vuelve al hombre más desemejante de Mí es el no
estar armado de estas prerrogativas”.
(5) Y mientras decía amor, parecía que le sellaba de amor todos los miembros, el corazón, la
inteligencia. ¡Oh, cómo es bueno Jesús!
(6) Después, habiendo dicho al padre lo que he escrito el día 9, he quedado dudosa y decía
entre mí: “Cuánto quisiera no escribir estas cosas, si es verdad que Jesús suspende el castigo
para contentarme, o si es mi fantasía”.
(7) Y Jesús me ha dicho: “Hija mía, la Justicia y la Misericordia están en continua lucha, y son
más las victorias de la Misericordia que las de la Justicia. Ahora, cuando un alma está
perfectamente unida con mi Voluntad, toma parte en mis acciones ad extra, y satisfaciendo con
sus sufrimientos, la misericordia logra sus más bellas victorias sobre la justicia, y como Yo me
complazco en coronar todos mis atributos con la misericordia, aun la misma justicia, viéndome
importunado por esta alma unida Conmigo, para contentarla cedo ante ella, pues ella ha cedido
todas sus cosas en mi Voluntad. Por eso, cuando no quiero ceder no vengo, porque no me
confío en poder resistir a no ceder; entonces, ¿cuál es tu duda?”
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9-47
Septiembre 22, 1910
Cada virtud es un Cielo que el alma adquiere.
(1) Esta mañana, continuando mi habitual estado, en cuanto vino el bendito Jesús me ha
dicho:
(2) “Hija mía, cada virtud es un cielo que el alma adquiere; así que, por cuantas virtudes se
adquieren, tantos cielos el alma va formando, y estos cielos derrotan todas las inclinaciones
humanas, destruyen lo que es terreno y hacen espaciar al alma en las atmósferas más puras,
en las delicias más santas, en los perfumes celestiales del sumo bien, anticipándole parte de los
gozos eternos”.
(3) Y ha desaparecido.
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