9-38
Julio 29, 1910
Las dos columnas donde el alma debe apoyarse.
(1) Continuando mi habitual estado me sentía muy mala, y me sentía impresionada porque
también el confesor me dice que estoy muy cambiada de mi estado primero, y que si no fuese
así Jesús vendría. Entonces, habiendo recibido la comunión, me lamentaba con el bendito Jesús
de estas sus privaciones, y le pedía que tuviera la bondad de decirme cual es el mal que hago,
porque con gusto daría la vida antes que desagradarlo, y le decía: “Cuántas veces te he dicho
que si ves que estoy por ofenderte, aun mínimamente, me hagas morir”. Y Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, no te aflijas. Si no lo hubiese dicho años atrás, que por castigar al mundo era
por lo que no venía tan a menudo a desahogarme contigo, y por consecuencia no he venido tan
frecuentemente, pero jamás te he dejado, y para suplir mi frecuente ir y venir permito la misa y
la comunión todos los días, para que pudieras tomar la fuerza que tomabas de mis visitas
continuas, tanto que llegué a amenazar al confesor si no se prestaba a esto; ¿y quién no sabe
los castigos que han sucedido en este tiempo? Ciudades enteras destruidas, las rebeliones, el
retiro de la gracia de los malos, y aún de los mismos religiosos malos, de modo que aquellos
venenos, aquellas llagas que tenían dentro las van sacando fuera. ¡Ah! no puedo más, los
sacrilegios son enormes, sin embargo todo esto es nada aún en comparación a los castigos que
vendrán, así que si no lo hubiera dicho antes tendrías cierta razón para alarmarte. Las columnas
sobre las cuales debes apoyarte para poder vivir con plena seguridad, una es mi Voluntad: En
mi Voluntad no puede haber pecados; mi Voluntad hace pedazos todas las pasiones y pecados,
más bien los pulveriza hasta destruir sus mismas raíces. Apoyada en la columna de mi Voluntad,
las tinieblas se cambiarán en luz, las dudas en certeza, la esperanza en posesión. La segunda
columna sobre la cual debes apoyarte es la voluntad firme y atención continua a no ofenderme,
aun mínimamente; disponer tu propio querer a sufrir todo, a afrontar todo, a someterse a todos
antes que desagradarme. Cuando el alma ve que está continuamente apoyada sobre estas
columnas, que forman más que su propia vida, puede vivir más segura que si viviera en
continuos favores míos. Mucho más que este estado tuyo lo permito para disponerte a partir de
esta tierra”.
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9-39
Agosto 3, 1910
El pecado voluntario descompone los humores en el alma.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, en cuanto ha venido el bendito Jesús me ha dicho:
(2) “Escucha, hija mía, las miserias, las debilidades, son medios para encontrarse en el puerto
de la Divinidad, porque el alma sintiendo el fardo de las miserias humanas, se aburre, se fastidia
y busca desembarazarse de sí, y desembarazándose de sí ya se encuentra en Dios”.
(3) Después, habiéndose puesto mi brazo en su cuello se estrechaba a mi cara, y ha
desaparecido. Luego, al regresar yo he vuelto a lamentarme porque huía como un relámpago,
y sin darme tiempo me ha dicho:
(4) “Ya que te desagrada, tómame, átame como quieras y no me dejes huir”.
(5) Y yo: “Bravo, bravo Jesús, qué bella propuesta me haces, ¿pero Contigo se puede hacer
esto? Mientras te dejas atar, estrecharte por cuanto más se puede, en lo mejor desapareces y
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