(1) Estaba pensando en lo que había escrito el 27 del mes pasado, y decía entre mí: “Yo creía
que era alguna cosa en las manos del Señor, pero no soy otra cosa que un juguete. Que objeto
vilísimo soy yo. Los juguetes pueden ser de barro, de tierra, de papel, de masa elástica, que
basta que caigan a tierra o un mínimo golpe para romperse, y no sirviendo más para jugar se
desechan. ¡Oh! mi Bien, cómo me siento oprimida pensando que un día u otro me podrás arrojar
de Ti”. Y el buen Jesús se ha hecho oír diciéndome:
(2) “Hija mía, no te oprimas, cuando los juguetes son de materiales viles y se rompen, se
desechan, pero si son de oro o de brillantes, o de otro material precioso, se mandan reparar y
sirven siempre para formar el entretenimiento de quien tiene el bien de poseerlos. Tal eres tú
para Mí, un juguete de brillantes y de oro purísimo, por tener en ti mi Imagen y por haber
desembolsado el precio de mi sangre para adquirirte, y porque estás adornada con la semejanza
de mis sufrimientos. Así que no eres un objeto vil que pueda desecharte, me cuestas mucho,
puedes estar tranquila, porque no hay peligro de que pueda desecharte”.
+ + + +
9-14
Octubre 1, 1909
Jesús numera, pesa y mide todo en el alma, a fin
de que nada quede disperso y de todo sea recompensada.
(1) Encontrándome muy afligida por mi pobre estado, me sentía nauseante a mí misma y
abominable ante Dios. Me sentía como si el Señor me hubiera dejado a la mitad del camino, y
sin Él no puedo seguir más adelante, siento que no quiere servirse más de mí para evitar los
castigos al mundo y por eso ha alejado de mí las cruces, las espinas, ha interrumpido toda la
participación de la Pasión y las comunicaciones; lo único que veo es que está alerta para
hacerme estar en paz. Mi Dios, qué pena, si Tú mismo no me tuvieras distraída de esta mi
pérdida de cruces, de Ti, y de todo, yo moriría de dolor. ¡Ah, si no fuera por tu Santo Querer, en
qué mar de males habría caído! ¡Ah! tenme siempre en tu Santo Querer, y eso me basta”.
(2) Después, encontrándome en mi habitual estado, lloraba y decía entre mí: “El buen Jesús
no me ha tomado en cuenta ni los años de cama, ni los sacrificios, no ha tomado en cuenta
nada, de otra manera no me habría dejado”; y lloraba, lloraba. En ese momento lo he sentido
que se movía en mi interior y perdí los sentidos, pero aun fuera de mí continuaba llorando. Y
entonces, como si se hubiera abierto una puerta en mi interior he visto a Jesús. Yo me sentía
enfadada y no le decía nada, sólo lloraba; y Jesús me ha dicho:
(3) “Cálmate, cálmate, no llores, si tú lloras Yo me siento tocar el corazón y desmayar de amor
por ti. ¿Quieres tú acrecentar mis penas por causa de tu amor?”
(4) Después ha agregado, tomando una actitud majestuosa y como sentándose en mi corazón
sobre de un trono, parecía que tenía una pluma en la mano y escribía, y dirigiéndose a mí me
ha dicho:
(5) “Mira si no tengo cuenta de tus cosas, y no sólo de los años de cama, de los sacrificios,
sino también de los pensamientos que haces para Mí; escribo tus afectos, tus deseos, todo,
todo, y también lo que quisieras hacer, lo que quisieras sufrir, y porque Yo no te lo concedo tú
no lo haces. Todo numero, peso y mido, a fin de que nada se pierda y de todo seas
recompensada; y como lo escribo todo lo conservo en mi mismo corazón”.
(6) Después, no sé decir cómo, mientras primero estaba en mi interior, después yo me
encontraba en Jesús; parecía que la cabeza de Jesús estuviera en el lugar de mi cabeza y todos
mis miembros le servían de cuerpo, y ha dicho:
(7) “Mira cómo te tengo, como miembros de mi mismo cuerpo”.
503 sig