9-9
Julio 14, 1909
Sólo Dios puede infundir paz en el alma.
(1) Me la he pasado amargamente con la privación del bendito Jesús; a lo más se hace ver
como una sombra o un relámpago, y algunas veces también la fulguración parecía que huía. Mi
mente era molestada por el pensamiento de que siendo Jesús tan bueno, cuán cruelmente me
ha dejado, ¡ah, tal vez no era Él el que venía, su bondad no me lo habría hecho! Quién sabe si
no haya sido el demonio, o mi fantasía, o bien sueños, pero en la parte íntima el alma no quería
saber de esto, quería estarse en paz, y parecía que se apartaba de todo, se adentraba siempre
más en la Voluntad de Dios, se escondía en Ella tomando un sueño profundo en su Santo
Querer, y no hay modo de que se despierte; parece que el buen Jesús la encierra tanto en su
Querer, que ni siquiera deja que se encuentre la puerta para poder tocar y hacerle oír que Jesús
la ha dejado, y ella duerme y se está en paz. La mente, no encontrando ninguna respuesta dice
entre sí: “¿Sólo yo debo enojarme? También yo quiero tranquilizarme y hacer la Voluntad de
Dios; venga, que venga con tal que haga su Santa Voluntad”. Éste es mi estado presente.
(2) Ahora, esta mañana pensando en lo que he escrito arriba, el buen Jesús me ha dicho:
(3) “Hija mía, si fueran fantasías, sueños, demonios, no tendrían tanta fuerza de hacerte
poseer la aureola de la paz, y no por un día, sino por veinticinco años, ninguno hubiera podido
hacerte respirar esa aura de suave paz dentro y fuera de ti, sólo Aquél que es todo paz, y que
si un aliento de turbación pudiera sorprenderlo, dejaría de ser Dios, quedaría ofuscada su
Majestad, empequeñecida su grandeza, débil su potencia, en suma, todo el Ser Divino recibiría
una sacudida. Aquél que te posee y que tú posees te resguarda, te defiende continuamente de
todo aliento de turbación. Recuerda que en todas mis visitas siempre te he corregido si había
en ti algún aliento de turbación, y de ninguna otra cosa me he disgustado tanto, como de no
verte en paz; y solamente me he ido cuando te he tranquilizado toda. La fantasía, el sueño,
mucho menos el demonio, tienen esta virtud, y mucho menos la pueden infundir a los demás,
por eso tranquilízate y no me seas ingrata”.
+ + + +
9-10
Julio 24, 1909
Todo lo que el alma hace por amor de Dios, entra
en Él y se transforma en sus mismas obras.
(1) Estaba pensando en la miseria de mi estado presente y decía entre mí: “Todo ha terminado
para mí, Jesús ha olvidado todo, no se recuerda más de mis fatigas, de los sufrimientos que en
tantos años de cama he pasado por amor suyo”. Y entonces mi mente iba repasando algunos
sufrimientos, de los más graves que he pasado. Mientras estaba en esto el bendito Jesús me
ha dicho:
(2) “Hija mía, todo lo que es hecho por amor mío entra en Mí y se transforma en mis mismas
obras, y así como mis obras están a beneficio de todos, esto es, de los viandantes, de los
purgantes y de los triunfantes, así todo lo que tú has hecho y sufrido por Mí, está en Mí y hacen
su oficio en bien de todos, como los míos. ¿Quisieras tú retirártelos en ti?”
(3) Yo he respondido: “Jamás Señor”. Pero a pesar de todo esto continuaba pensando y
estando un poco distraída de mi acostumbrado obrar interior, y el buen Jesús ha repetido:
501 sig