Jesús no venía, quería salir de mi sueño, y al mismo tiempo quería quedarme, por el desgarro
que sentía en el corazón por no haberlo visto; me sentía como un niño que queriendo dormir es
despertado por la fuerza y hace un berrinche y llora, pero en mi berrinche, mientras me esforzaba
por despertarme, decía en mi interior: “¡Qué amarga separación! Me siento sin vida, sin embargo
vivo, pero la vida es más dura que la muerte, sin embargo, sea por amor tuyo tu misma privación,
por amor tuyo la amargura que siento, por amor tuyo mi corazón desgarrado, por amor tuyo la
vida que no siento aunque vivo, y para hacer que te sea más grato, uno este mi sufrir en la
inmensidad de tu amor y te ofrezco con el mío tu mismo amor”. Pero mientras esto decía se ha
movido en mi interior y me ha dicho:
(2) “Cómo es dulce y deleitable a mi oído la nota del amor, dila, dila otra vez, repítela de nuevo,
recrea mi oído con estas notas de amor tan armoniosas que me descienden hasta en el corazón
y todo me endulzan”.
(3) Sin embargo, ¿quién lo creería? Tengo vergüenza de decirlo, en mi berrinche he
respondido: “No quiero decirlo, Tú te endulzas y yo me amargo más”. Mi dulce Jesús ha hecho
silencio, como si se disgustara por mi respuesta; y en cuanto me he despertado he repetido
muchas veces mis notas de amor, pero no se ha hecho oír más, ni ver en todo el día.
+ + + +
9-8
Mayo 25, 1909
Jesús confunde al alma de amor.
(1) Continuando mi habitual estado, el bendito Jesús no venía, pero yo he sentido todo el día
como a alguien que me apuraba, que no me dejaba perder ni un minuto de tiempo, sino que me
tenía siempre en continua oración. Un pensamiento me quería distraer al decirme: “Cuando el
Señor no viene tú rezas más, estás más atenta, y con esto das ocasión para que no venga,
porque el Señor dirá: Ya que se porta mejor cuando no vengo, es mejor que la prive de Mí”. Yo
no pudiendo perder tiempo y escuchar lo que decía el pensamiento, para cerrarle la puerta en
la cara he dicho: “Por cuanto más Él no venga, yo más lo confundiré en amor, yo no quiero darle
ocasión, esto puedo y esto quiero hacer, y Él es dueño de hacer lo que quiera”. Y sin pensar en
el desatino que me había dicho el pensamiento continué lo que debía hacer. Y en la noche,
cuando ya ni siquiera me acordaba de eso, el bendito Jesús ha venido y sonriéndome me ha
dicho:
(2) “Bravo, bravo a mi amante que quiere confundirme en amor, sin embargo te digo: Jamás
me confundirás, y si alguna vez pareciera que me confundas en amor, soy Yo quien te da la
libertad de hacerlo, porque el único alivio y la cosa que más gozo por parte de las criaturas es
el amor. De hecho era Yo quien te sugería rezar, que rezaba contigo, que no te daba reposo,
así que en vez de confundirme tú, Yo te confundía en amor, y como tú te sentías toda llena de
amor y por eso quedabas confundida, viendo qué tanto vertía en ti mi amor, creías que me
confundías a Mí con tu amor; pero te digo, con tal de que tú busques amarme más, gozo de
éstos tus desatinos y hago de ellos un entretenimiento entre tú y Yo”.
+ + + +