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I. M. I.
9-1
Marzo 10, 1909
El Padre hace una sola cosa con Jesús.
Jesús se da continuamente a las almas.
(1) Continuando mi habitual estado, me he encontrado fuera de mí misma con el niño Jesús
en brazos, y yo le he dicho: “Dime querido mío, ¿qué cosa hace el Padre?”
(2) Y Él: “Hace una sola cosa Conmigo; así que lo que hace el Padre hago Yo”.
(3)Entonces yo he agregado: “¿Y con los santos qué cosa haces?”
(4) Y Él: “Darme continuamente, así que Yo soy vida de ellos, gozo, felicidad, bien inmenso,
sin término y sin confines. De Mí están llenos, en Mí todo encuentran, Yo soy todo para ellos, y
ellos son todos para Mí”.
(5) Yo, al oír esto quería como enojarme y le he dicho: “A los santos te das continuamente, en
cambio a mí tan limitado, tan avaramente y a intervalos, hasta hacerme pasar parte del día sin
que vengas, y a veces tardas tanto que me viene el temor de que ni siquiera en la noche vendrás,
por eso yo vivo muriendo, pero de la muerte más cruel y despiadada, y sin embrago decías que
me amabas mucho”.
(6) Y Él: “Hija mía, también a ti me doy continuamente, ahora personalmente, ahora con la
Gracia, ahora con la luz, y en tantos otros modos. Y además, ¿quién te dice que no te amo tanto,
tanto?”
(7) Ahora, mientras estaba en esto me ha venido un pensamiento, que preguntara si era
Voluntad de Dios mi estado, pues esto era más necesario que lo que le estaba diciendo, y se lo
he preguntado. Y Él en lugar de responderme se ha acercado y me puso su lengua en mi boca,
y yo no pude hablar más, sólo chupaba una cosa que no sé decir; y al retirarla apenas he podido
decir: “Señor, regresa pronto, quién sabe cuando vendrás”.
(8) Y Él ha respondido: “Esta noche vendré de nuevo”.
(9) Y ha desaparecido.
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9-2
Abril 1, 1909
Jesús enjoya al alma con las gemas que produce el dolor.
(1) Me sentía muy sufriente, hasta el punto de no poderme mover, y estaba ofreciendo mis
pequeños sufrimientos junto con los de Jesús y con la intensidad de amor con la cual Él quería
glorificar al Padre, reparar nuestras culpas y obtener todos los bienes que nos consiguió con sus
sufrimientos, y decía entre mí: “Hago de cuenta que estos mis sufrimientos sean mi martirio, que
los dolores sean los verdugos, que la cama es el lugar de tortura, que la inmovilidad es la soga
que me tiene atada para hacer que llegue a ser más amada y amante de mi sumo bien; pero
verdugos yo no veo, entonces ¿quién es mi verdugo, que no sólo en el exterior del cuerpo, sino
también en las partes más íntimas, hasta en el fondo de mi alma me lacera, me despedaza,
15 Este libro ha sido traducido directamente del original manuscrito de Luisa Piccarreta.
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