tanto que el cerco de la vida me parece que quisiera romperse? ¡Ah, mi verdugo es propiamente
Jesús bendito!” Y en ese momento, casi como dentro de un relámpago me ha dicho:
(2) “Hija mía, es demasiado honor para ti el ser Yo tu verdugo. Yo no hago otra cosa que como
alguno que debiendo desposar a la novia y hacerla aparecer en público, para hacer que tenga
una bella presentación y para hacerla digna de él, no se fía de ninguno, ni siquiera de ella misma,
sino que él mismo la quiere limpiar, peinar, vestir, adornar con gemas, con brillantes. Esto es
un gran honor para la esposa, y además no tendrá ningún pensamiento acerca de si agradará a
su esposo o no, si le agradará como se he adornado o la tomará por una tonta al no haber sabido
adivinar el modo para agradarle más. Así hago Yo con mis esposas amadas, es tanto el amor
que les tengo que no me fío de ninguno; me veo obligado a hacerla de verdugo, pero verdugo
amoroso. Y ahora la lavo, ahora la peino, ahora la visto con el vestido más bello, ahora la enjoyo,
pero no con joyas salidas de la tierra, que son cosas superficiales, sino con joyas que hago salir
del fondo del alma, de las partes más íntimas, que se forman con el toque de mis dedos que
crean el dolor, y del dolor salen las joyas; convierte la voluntad en oro y esta voluntad convertida
en oro por mis mismas manos, hará salir joyas preciosas de todos los colores y las coronas más
bellas, los vestidos más magníficos y las flores más perfumadas, las músicas más agradables;
y Yo con mis mismas manos, a medida que la hago producir, así la iré arreglando toda para
adornarla siempre más. Todo esto pasa con las almas sufrientes, así que, ¿no tengo tal vez
razón en decirte que es un gran honor para ti?”
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9-3
Mayo 5, 1909
Los sufrimientos imprimen la Santidad de Jesús en el alma.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, en cuanto ha venido mi benigno Jesús se ha hecho
oír con su dulce voz diciéndome:
(2) “Hija mía, las mortificaciones, miserias, privaciones, dolores, cruces, sirven a quien se sirve
de ellos para imprimir mi santidad en el alma, y para irse embellecido de todas las variedades
de los colores divinos; además no son otra cosa que tantos perfumes de Cielo, con los cuales
el alma queda toda perfumada”.
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9-4
Mayo 8, 1909
Quien mucho habla está vacío de Dios.
(1) Continuando mi habitual estado, en cuanto mi amable Jesús se hizo ver me ha dicho:
(2) “Hija mía, quien mucho habla es señal de que está vacío en su interior, mientras que quien
está lleno de Dios, encontrando más gusto en su interior no quiere perder aquel gusto, le cuesta
trabajo hablar y sólo por necesidad habla, y aun hablando no se aparta jamás de su interior, y
trata, por cuanto está en él, de imprimir en los otros lo que siente en sí. Mientras que quien
mucho habla no sólo está vacío de Dios, sino que con su mucho hablar trata de vaciar de Dios
a los demás”.
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