8-62
Enero 27, 1909
Luisa de la Pasión del Tabernáculo.
(1) Continuando mi habitual estado decía entre mí: “Qué vida inútil es la mía, ¿cuál es el bien
que hago? Todo ha terminado, no hay más participación de espinas, de cruces, de clavos,
parece que todo ha acabado; me siento, sí, sufriente, tanto que no puedo moverme, es un estado
de reumatismo general de dolor, pero es cosa totalmente natural, sólo me queda el pensamiento
continuo de la Pasión, la unión de mi voluntad con la de Jesús, ofreciendo lo que Él sufrió y a
toda yo misma como Él quiere, por quien quiere, así que no queda otra cosa que una escuálida
miseria, entonces, ¿cuál es la finalidad de mi vida?” Mientras esto pensaba, como un relámpago
Jesús se ha dejado ver y me ha dicho:
(2) “Hija mía, ¿sabes quién eres tú? Tú eres Luisa de la Pasión del Tabernáculo; cuando te
participo las penas, entonces eres del calvario; cuando no, permaneces del Tabernáculo, mira
cómo es así: Yo en el Tabernáculo nada tengo de exterioridades, ni de cruces, ni de espinas,
sin embargo la inmolación es la del mismo calvario, las peticiones son las mismas, el
ofrecimiento de mi Vida continúa aún, mi Voluntad no ha cambiado en nada, me quema la sed
de la salvación de las almas, así que puedo decir que las cosas de mi Vida Sacramental unidas
con mi Vida mortal están siempre en un punto, y no han disminuido en nada, pero todo es interno,
así que si tu voluntad es la misma de cuando Yo te participaba mis penas, tus ofrecimientos son
semejantes, tu interior está unido Conmigo, con mi Voluntad, ¿no tengo razón en decirte que
eres Luisa de la Pasión del Tabernáculo? Con esta sola diferencia, que cuando te participo mis
penas tomas parte en mi Vida mortal, y Yo exento al mundo de los más graves castigos; cuando
no te las participo, castigo al mundo y tú tomas parte en mi Vida Sacramental, pero siempre una
es la vida”.
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8-63
Enero 28, 1909
Qué cosa es ser víctima.
(1) Habiendo leído un libro que hablaba de la variedad de los modos de obrar interiormente,
y cómo recompensaba Jesús a estas almas con grandes capitales de gracia y con
sobreabundancia de amor, yo comparaba todo lo que había leído con los tantos y diversos
modos que Jesús me había enseñado en mi interior, y puestos éstos en comparación con los
del libro me parecían tan vastos, como puede ser el mar en comparación de un pequeño río y
decía entre mí: “Si esto es verdad, ¿quién sabe cuánta gracia verterá en mí y cuánto me amará
mi siempre amable Jesús? Después encontrándome en mi habitual estado, en cuanto ha venido
el buen Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, tú aún no sabes bien qué significa ser elegida víctima. Yo con ser víctima encerré
en Mí todo el obrar de las criaturas, sus satisfacciones, reparaciones, adoraciones y
agradecimientos, así que por todos y por cada uno Yo hice lo que ellos tenían que hacer. Así
que tú siendo víctima, es inútil compararte con los demás, pues debiendo encerrar en ti no el
modo de uno, sino la variedad del modo de cada uno, y debiendo hacerte suplir por todos y por
cada uno, por consecuencia debo darte la gracia, no que doy a uno solo, sino la gracia que
equivalga a la que doy a todo el conjunto de las criaturas. Por lo tanto también el amor debe