8-56
Diciembre 27, 1908
El te amo de la criatura es correspondido con el te amo del Creador.
(1) Estaba meditando en el momento cuando la Reina Mamá daba la leche al niño Jesús y
decía entre mí: “¿Qué podía pasar entre la Mamá Santísima y el pequeño Jesús en este acto?”
En este momento lo sentí moverse en mi interior, y oí que me decía:
(2) “Hija mía, cuando chupaba la leche del pecho de mi dulcísima Madre, unido a la leche
chupaba el amor de su corazón, y era más amor que chupaba que leche; y Yo como en aquellas
chupadas oía decirme: “Te amo, te amo, ¡oh, Hijo!”. Yo le repetía a Ella: “Te amo, te amo, ¡oh,
Mamá!”. Y no era Yo solo el que lo decía, a mi te amo, el Padre y el Espíritu Santo, la Creación
toda, los ángeles, los santos, las estrellas, el sol, las gotas de agua, las plantas, las flores, los
granitos de arena, todos los elementos corrían junto a mi te amo y repetían: “Te amamos, te
amamos oh Madre de nuestro Dios en el amor de nuestro Creador”.
(3) Mi Madre veía todo esto y quedaba inundada, no encontraba ni siquiera un pequeño
espacio en el que no oyera decirse que Yo la amaba; su amor quedaba atrás y casi solo, y
repetía: “Te amo, te amo”. Pero jamás podía igualarme, porque el amor de la criatura tiene sus
límites, su tiempo; mi amor es increado, interminable, eterno. Y esto sucede a cada alma, cuando
me dice te amo también Yo le repito te amo, y Conmigo está toda la Creación para amarla en
mi amor. ¡Oh, si las criaturas comprendieran cual es el bien, el honor que se procuran con sólo
decirme te amo!, bastaría que supieran sólo esto, que un Dios a su lado, honrándolas, les
responda: También Yo te amo”.
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8-57
Diciembre 28, 1908
Terremotos en Sicilia y en Calabria.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, sentía como si la tierra hiciera oscilaciones y nos
quisiera faltar por debajo. Yo he quedado impresionada y decía entre mí: “¿Señor, Señor, qué
pasa?” Y Él en mi interior ha dicho:
(2) “Terremotos”.
(3) Y ha hecho silencio. Yo casi no le he prestado atención, y estando casi en mí misma
continuaba mis acostumbradas cosas internas, cuando en lo mejor de ellas, después de haber
pasado unas cinco horas de la palabra que me había dicho, he sentido sensiblemente el
terremoto. En cuanto terminé de sentirlo me he encontrado fuera de mí misma, y casi confundida
veía cosas desgarradoras, pero súbito me ha sido quitada la vista de esto y me he encontrado
dentro de una iglesia; del altar ha salido un joven vestido de blanco, creo que era Nuestro Señor,
pero no sé decirlo con seguridad, y acercándose a mí, con un aspecto imponente me ha dicho:
(4) “Ven”.
(5) Yo me he aferrado a sus hombros pero sin levantarme, porque pensado entre mí que en
aquella hora estaba castigando y destruyendo, he dicho casi rechazando la invitación: “¡Eh!
Señor, ¿justo ahora quieres llevarme? Entonces aquel joven se ha arrojado en mis brazos, y en
mi interior oía que me decían:
(6) “Ven, oh hija, a fin de que pueda terminarla con el mundo, así lo destruiré en gran parte,
con los terremotos, con las aguas y con las guerras”.