(1) Hablando con el confesor, él decía: “¡Qué terrible será ver a Dios indignado! Tan es verdad,
que en el día del juicio los malos dirán: “¡Montes, sepúltenos, destrúyanos, a fin de que no
veamos la cara de Dios indignado!”
(2)Y yo decía: “En Dios no puede haber indignación, enojo, más bien es según el estado del
alma, si es buena, la presencia divina, sus cualidades, sus atributos, la atraen toda en Dios y
ella se consume sumergiéndose toda en Él; si es mala su presencia la oprime, la rechaza lejos
de Él, y el alma viéndose rechazada y no sintiendo en ella ningún germen de amor hacia un Dios
tan Santo, tan Bello, y ella tan fea y mala, quisiera quitarse de su presencia, aun destruyéndose
a sí misma si fuera posible. Por tanto en Dios no hay mutación, sino que según somos nosotros,
así se sienten los efectos”. Después pensaba entre mí: “Cuántos desatinos he dicho”. Por eso,
al hacer la meditación durante el día, en cuanto Jesús ha venido me ha dicho:
(3) “Hija mía, está bien dicho que Yo no me cambio, sino que según cambia la criatura así
siente los diversos efectos de mi presencia. En efecto, ¿cómo puede temer quien me ama, si
siente correr todo mi Ser en el suyo y Él forma su misma vida? ¿Puede temer de mi Santidad si
ella toma parte de esa misma Santidad? ¿Puede avergonzarse ante mi Belleza, si siempre busca
embellecerse más para agradarme y para asemejarse más a Mí? ¿Si siente correr en su sangre,
en sus manos, en sus pies, en su corazón, en su mente, todo, todo el Ser Divino, de modo que
es cosa suya, todo suyo, y puede temer, puede avergonzarse de sí misma? ¡Esto es imposible!
¡Ah! hija mía, es el pecado lo que arroja tal confusión y desorden en la criatura, hasta el punto
de quererse destruir para no sostener mi presencia. El día del juicio será terrible para los malos,
pues no viendo en ellos germen de amor, más bien odio hacia Mí, mi justicia me impone no
amarlos, y así como a las personas que no se aman no se les quiere tener cerca, y se usan
todos los medios para alejarlas, Yo no querré tenerlos Conmigo, ni ellos querrán estar, nos
rechazaremos recíprocamente, sólo el amor es lo que une todo y hace feliz a todo”.
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8-49
Septiembre 6, 1908
Jesús quiso sufrir para reunir todo a Sí.
(1) Continuando mi habitual estado, estaba pensando en el misterio de la flagelación, y al
venir Jesús, poniendo su mano en mi hombro, en mi interior he oído decir:
(2) “Hija mía, quise que mi carne fuera esparcida en pedazos, mi sangre vertida por toda mi
Humanidad para reunir a toda la humanidad dispersa, en efecto, con haber hecho que todo lo
que de mi Humanidad fue arrancado: Carne, sangre, cabellos, quedara disperso, en la
Resurrección nada quedará disperso sino todo reunido de nuevo en mi Humanidad, con esto Yo
reincorporaba a todas las criaturas en Mí; así que después de esto, quien de Mí queda separado,
es por su obstinada voluntad que de Mí se arranca para ir a perderse”.
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8-50
Septiembre 7, 1908
De cuantas cosas el alma se priva en la
tierra, otras tantas tendrá en el Cielo.