8-40
Julio 26, 1908
La obediencia.
(1) Continuando mi habitual estado, en cuanto ha venido el bendito Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, la obediencia es el aire para mi estancia en el alma, donde no hay este aire de
la obediencia, puedo decir que no hay lugar para Mí dentro de aquella alma, y estoy obligado a
estarme afuera”.
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8-41
Agosto 10, 1908
El trabajo del amor.
(1) Continúo mi habitual estado, pero lleno de amarguras y de privaciones. Después, habiendo
recibido la comunión estaba lamentándome con el bendito Jesús por el modo como Él me había
dejado y por la inutilidad de mi estado. Y Él teniendo compasión de mis lamentos me ha dicho:
(2) “Hija mía, nada ha disminuido los bienes que hay entre tú y Yo, porque todo el bien está
en el principio del fundamento. Cuando dos personas se unen con vínculo de amistad o en unión
de matrimonio, y además se han hecho dones, y se han amado tanto de volverse indivisibles,
tanto que uno ha tomado y ha copiado en tal grado al otro, que siente en sí mismo el ser de la
persona amada, si por alguna extrema necesidad están obligados a estar el uno lejos del otro,
¿vienen acaso a disminuir aquellos dones o a decrecer el amor? Nada de eso, más bien la
lejanía los hace crecer más en el amor y hace que se conserven con más cautela los dones
recibidos, esperando recibir al regreso algún imprevisto don mayor. Más aún, habiendo copiado
en sí a la persona amada, parece que para ella no hay lejanía, porque en su voz siente correr la
voz del amado, pues lo ha imitado; se lo siente correr en su mente, en sus obras, en sus pasos,
así que está lejano y cercano, lo mira y le desaparece, lo toca pero no puede estrecharlo, así
que el alma está en un continuo martirio de amor. Entonces, si la justicia me obliga a privarte de
Mí y a estar por algún tiempo lejano, ¿puedes decir por eso que te he quitado los dones que te
he dado y que hay disminución de amor?”
(3) Y yo: “Es demasiado duro mi estado, amada vida mía, y ¿en qué aprovecha el permanecer
en este estado si no me haces sufrir para evitar los castigos a mi prójimo? Has dicho tantas
veces que no harás llover, y no llueve; así que no puedo vencerte más en nada, lo que dices lo
haces, mientras que si te tuviera junto a mí como antes, te rogaría tanto que me harías vencer.
¿Cómo dices que no es nada la lejanía?”
(4) Y Él: “Es exactamente por esto por lo que me veo obligado a estarme alejado, para no
hacerte vencer y dar lugar a la justicia. Pero con tenerte en este estado, también hay un bien,
porque la falta de agua llamará a la carestía, y los pueblos en este tiempo quedarán humillados,
y siguiendo los estragos y las guerras, la gracia los encontrará más dispuestos para salvarlos;
¿no es esto también un bien, que mientras las guerras estaban por llegar antes que la carestía,
pero por tenerte en este estado, las guerras serán alejadas y así habrá más almas salvadas?”
(5) Después ha agregado: “El amor jamás dice basta. Aunque el amor la flagelara, la hiciera
pedazos, aquellos pedazos gritarían amor. El amor nunca dice basta, y no está aun contento
con eso, entonces aquellos pedazos los pulveriza, los reduce a la nada y en aquella nada sopla
su fuego, le da su misma forma, nada mezcla de humano sino todo de divino, y entonces el amor