más. Si el Señor no pone su mano, estamos ya a punto de recibir los castigos que tantas veces
ha manifestado. Después, en cuanto ha venido me ha dicho:
(2) “Hija mía, justa justicia mía, los ricos han sido los primeros en dar mal ejemplo a los pobres,
los primeros que se han alejado de la religión, de cumplir sus deberes, hasta avergonzarse de
entrar en la iglesia, de escuchar la misa, de cumplir los preceptos. Los pobres se han nutrido de
su baba venenosa, y habiéndose nutrido muy bien del veneno de su mal ejemplo, con ese mismo
veneno dado por los ricos, no pudiéndolo contener más, buscan agredirlos y aun matarlos. No
hay orden sin sujeción, los ricos se han sustraído de Dios, los pueblos se rebelan contra Dios,
contra los ricos y contra todos, la balanza de mi justicia está llena y no puedo contenerla más”.
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8-37
Mayo 15, 1908
Ve guerras y revoluciones
(1) Estando en mi habitual estado, me he encontrado fuera de mí misma en medio de
revoluciones, parece que se obstinan siempre más en querer derramar sangre. Yo rogaba al
Señor, y Él me ha dicho:
(2) “Hija mía, son dos tempestades que los hombres están preparando: Una contra el
gobierno, y la otra contra la Iglesia”.
(3) En ese momento me parecía ver a los jefes huyendo, al rey que corría peligro de quedar
prisionero y se ponía en fuga, no sé decirlo bien, pero me parecía que caía en las manos de los
enemigos. Todos los ricos estaban en graves peligros, y quién caía víctima, pero lo que más me
daba pena era ver que entre los jefes de las revoluciones, aun contra la Iglesia, no faltaban los
sacerdotes; cuando después las cosas llegaban a los últimos excesos, parecía que intervenía
una potencia extranjera. No sigo más adelante porque son cosas dichas otras veces.
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8-38
Junio 22, 1908
La Divina Voluntad triunfa sobre todo.
(1) Esta mañana me sentía muy oprimida por la privación de mi adorable Jesús, y decía entre
mí: “No puedo más, ¿cómo puedo vivir sin mi Vida? ¡Qué paciencia se necesita sin Ti! ¿Cuál
será la virtud que podrá inducirlo a venir?” Mientras estaba en esto, ha venido y me ha dicho:
(2) “Hija mía, la virtud que triunfa sobre todo, que conquista todo, que allana todo, que endulza
todo, es la Voluntad de Dios, porque ésta contiene tal potencia que no hay cosa que pueda
resistirle”.
(3) Mientras esto decía aparecía ante mí un camino todo lleno de piedras, de espinas y de
montes escarpados. Todo esto, puesto en la Voluntad de Dios, con su potencia las piedras
quedaban pulverizadas, las espinas cambiadas en flores y los montes allanados, así que en la
Voluntad de Dios todas las cosas tienen un solo aspecto, todas toman el mismo color. ¡Sea
siempre bendita su Santísima Voluntad!
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