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8-32
Marzo 29, 1908
Las almas pacíficas son la delicia de Dios.
(1) Esta mañana, al venir el bendito Jesús, parecía que traía un manto negro, y acercándose,
parecía que me ponía bajo el manto diciéndome:
(2) “Así envolveré a las criaturas, como bajo de un manto negro”.
(3) Y ha desaparecido. Yo he quedado preocupada pensando en algún castigo, y le pedía que
regresara porque no podía estar más sin Él, pero como enojada por lo que había visto antes.
Después de mucho esperar ha venido, trayendo una copa llena de un licor; me ha dado a beber
y después ha agregado:
(4) “Hija mía, las almas pacíficas comen en mi misma mesa y beben de mi copa, y el Divino
arquero no hace más que flecharlas continuamente, y ninguna flecha falla, todas hieren al alma
amante, y el alma languidece y el Divino arquero continúa lanzándole sus flechas, las cuales,
ahora la hacen morir de amor, ahora le restituyen nueva vida de amor, y el alma de sus heridas
lanza dardos para herir a quien tanto la ha herido. Así que el alma pacífica es la delicia y el
entretenimiento de Dios; mientras que las almas turbias, turbulentas, si el Divino arquero les
manda sus flechas, éstas fallan y Él queda amargado, y estas almas forman el juego y el gusto
diabólico”.
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8-33
Abril 5, 1908
Todo lo que contiene la Reina Mamá,
tiene su principio en el Fiat.
(1) Continuando mi habitual estado, me he encontrado fuera de mí misma dentro de un jardín,
en el cual veía a la Reina Mamá sentada sobre un altísimo trono. Yo ardía por el deseo de subir
hasta arriba para besarle la mano, y mientras me esforzaba por subir, Ella ha venido a mi
encuentro dándome un beso en el rostro. Al mirarla he visto en su interior como un globo de luz,
y dentro de aquella luz estaba la palabra Fiat, y de esa palabra descendían tantos, diversos,
interminables mares de virtud, de gracias, de grandezas, de gloria, de alegrías, de bellezas, y
de todo lo que contiene nuestra Reina Mamá, así que todo estaba radicado en aquel Fiat, y del
Fiat tenían principio todos sus bienes. ¡Oh, Fiat omnipotente, fecundo, santo, ¿quién te puede
comprender? Yo me siento muda; es tan grande que no sé decir nada; por eso mejor pongo
punto. Entonces yo la miraba maravillada y Ella me ha dicho:
(2) “Hija mía, toda mi Santidad ha salido de dentro de la palabra Fiat. Yo no me movía ni
siquiera para un respiro, para un paso, ni ninguna otra acción, si no lo hacía dentro de la Voluntad
de Dios; mi vida era la Voluntad de Dios, mi alimento, mi todo, y esto me producía santidad,
riquezas, glorias, honores, pero no humanos sino Divinos. Así que por cuanto más el alma está
unida, fundida con la Voluntad de Dios, tanto más se puede decir santa, tanto más es amada
por Dios, y por cuanto más amada más favorita, porque la vida de esa alma no es otra cosa que
la reproducción de la Voluntad de Dios, ¿y podrá no amarla si es Ella misma? Así que no se
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