(2) Y Él: “Quiero enseñarte el modo como debes estar Conmigo: Primero, debes entrar dentro
de Mí y transformarte en Mí, y tomar lo que encuentres en Mí. Segundo, cuando te hayas llenado
toda de Mí, sal fuera y obra junto Conmigo, como si Yo y tú fuéramos una sola cosa, de modo
que si me muevo Yo, muévete tú; si pienso, piensa tú en la misma cosa pensada por Mí, en
suma, cualquier cosa que haga Yo la harás tú. Tercero, con esto que hemos obrado juntos,
aléjate por un instante de Mí y ve en medio de las criaturas, dando a todos y a cada uno todo lo
que hemos obrado juntos, esto es dando a cada uno mi Vida Divina, regresando rápidamente
en Mí para darme a nombre de todos toda aquella gloria que deberían darme, rogando,
excusándolas, reparando, amando; ¡ah! sí, ámame por todos, sáciame de amor; en Mí no hay
pasiones, pero si pudiera tener alguna pasión, la sola y única pasión sería el amor. Pero el amor
en Mí es más que pasión, es mi Vida, y si las pasiones se pueden destruir, la vida no. Ve en qué
necesidad de ser amado me encuentro, por eso ámame, ámame”.
+ + + +
8-25
Febrero 12, 1908
Hace más el alma animosa en un día, que la tímida en un año.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, en cuanto ha venido el bendito Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, la timidez reprime la Gracia y traba al alma. Un alma tímida jamás será buena
para obrar cosas grandes, ni para Dios, ni para el prójimo, ni para sí misma. Un alma tímida es
como si tuviera atadas las piernas, y no pudiendo caminar libremente, tiene los ojos puestos
siempre en sí y en el esfuerzo que realiza para caminar. La timidez hace tener los ojos dirigidos
siempre a lo bajo, jamás a lo alto; la fuerza para obrar no la toma de Dios sino de sí misma, y
por lo tanto en vez de fortificarse se debilita. La Gracia, si siembra, le sucede como a aquel
pobre agricultor que habiendo sembrado y trabajado su campito, poco o nada recoge; en cambio
un alma animosa hace más en un día que la tímida en un año”.
+ + + +
8-26
Febrero 16, 1908
Cómo la señal más cierta de que amamos al Señor es la cruz.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, estaba pensando por qué sólo la cruz nos hace
conocer si verdaderamente amamos al Señor, siendo que hay tantas otras cosas como las
virtudes, la oración, los sacramentos, que nos podrían hacer conocer si amamos al Señor.
Mientras esto pensaba, el bendito Jesús ha venido y me ha dicho:
(2) “Hija mía, es exactamente así, sólo la cruz es la que hace conocer si verdaderamente se
ama al Señor, pero la cruz llevada con paciencia y resignación, porque donde hay paciencia y
resignación en las cruces, hay Vida Divina. Siendo la naturaleza tan reacia al sufrir, si hay
paciencia no puede ser cosa natural sino divina, y el alma no ama más sólo con su amor al
Señor, sino unida con el amor de la Vida Divina, entonces, ¿qué duda puede tener si ama o no,
si llega a amarlo con su mismo amor? Mientras que en las otras cosas, y también en los mismos
sacramentos, puede haber quien ama, quien contenga en sí esta Vida Divina, pero no pueden
dar la certeza que da la cruz, puede ser, o no puede ser, y esto por falta de disposiciones; uno
puede hacer muy bien la confesión, pero si faltan las disposiciones no puede decir ciertamente
471 sig