(2) “Hija mía, ¿cómo estamos? Vayamos, vayamos más adelante en castigar al mundo”.
(3) Yo me he espantado al oír que unía mi voluntad a la suya en el ir más allá en los castigos.
Y Él ha agregado:
(4) “Lo que Yo te digo no lo debes olvidar. Recuérdate que tiempo atrás Yo te hacía ver los
castigos presentes y aquellos que debía mandar, y tú, presentándote ante mi justicia, tanto
imploraste en favor del genero humano, ofreciéndote tú a sufrir cualquier cosa, que te fue
concedido como limosna que en vez de hacer por diez haría por cinco en consideración tuya.
Por eso esta mañana te he golpeado, para poderte conceder tu deseo, que debiendo hacer por
diez haga sólo por cinco”.
(5) De nuevo ha agregado: “Hija mía, el amor es lo que ennoblece al alma y la pone en
posesión de todas mis riquezas, porque el verdadero amor no tolera división de clase o
condición, por mucho que uno pueda ser inferior al otro. Lo que es mío es tuyo, éste es el
lenguaje de dos seres que en verdad se aman, porque el verdadero amor es transformación;
por lo tanto, la belleza de uno quita la fealdad del otro y lo vuelve bello; si es pobre lo vuelve
rico; si es ignorante lo vuelve docto; si es innoble lo vuelve noble; uno es el latido, uno el respiro,
una la voluntad en dos seres que se aman, y si algún otro latido o respiro quisiera entrar en ellos,
se sienten sofocados, agitados y lacerados, y quedan enfermos. Así que el verdadero amor es
salud y santidad, y en él se respira un aire balsámico, perfumado, cual es el respiro y la vida del
mismo amor, pero donde este amor queda más ennoblecido, más consolidado, más confirmado
y más acrecentado, es en el sacrificio, así que el amor es la llama, el sacrificio la leña; entonces
donde hay más leña, más altas son las llamas, y el fuego es siempre mayor. ¿Qué cosa es el
sacrificio? Es el desvivirse uno en el amor y en el ser de la persona amada, y por cuanto más
uno se sacrifica, tanto más queda consumado en el ser amado, perdiendo su ser y retomando
todos los lineamientos y nobleza del Ser Divino. Mira, también en el mundo natural la cosa pasa
así, si bien en modo muy imperfecto, ¿quién adquiere nombre, nobleza, heroísmo, un soldado
que se sacrifica, se expone a las batallas, expone la vida por amor del rey, o algún otro que se
está con los brazos cruzados? Ciertamente el primero. Así un siervo, ¿quién puede esperar
sentarse a la mesa de su amo, el siervo fiel que se sacrifica, que pone la propia vida, que tiene
más cuidado de los intereses de su amo que de los suyos por amor a su amo, o aquél siervo
que si bien hace su deber, cuando puede rehuir el sacrificio lo rehuye? Cierto que el primero. Y
así el hijo con el padre, el amigo con el amigo, etc. Así que el amor ennoblece y une y forma
una sola cosa; el sacrificio es la leña para engrandecer el fuego del amor, y la obediencia lo
ordena todo”.
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8-16
Noviembre 3, 1907
El alma en la Divina Voluntad debe concurrir a todo.
(1) Esta mañana, encontrándome en mi habitual estado he sentidoa mi amable Jesús moverse
en mi interior, y repetía:
(2) “Vayamos más adelante”.
(3) Yo al oír esto me he encogido de hombros diciendo: “Señor, ¿por qué dices vayamos más
adelante? Más bien di, iré más adelante en los castigos, yo tengo miedo de poner en esto mi
voluntad”.
(4) Y Él: “Hija mía, mi Voluntad y la tuya son una, y si digo vayamos más adelante en los
castigos, ¿no digo lo mismo en el bien que hago a las criaturas, que es, ¡oh! cuánto más que los
castigos? Y en los tantos otros castigos que no mando, ¿no estás tú unida Conmigo? Entonces,