Mientras esto hacían, el Señor mandaba otros castigos del Cielo, muchos quedaban muertos o
heridos, parecía una riña general contra la Iglesia, contra el gobierno y entre ellos mismos. Yo
he quedado espantada y me he encontrado en mí misma, y continuaba viendo a la Reina Madre,
junto con otros santos, que rogaban a Jesucristo que me hiciera sufrir, pero parecía que Él no
prestaba atención, y entraban en conflicto, y molesto ha respondido el bendito Jesús:
(4) “No me molesten, estense tranquilos, de otra manera me la traigo”.
(5) Pero a pesar de esto parece que he sufrido un poco.
(6) Ahora digo todo junto, que en todos estos días, encontrándome en mi habitual estado, no
he visto otra cosa que revoluciones y castigos. El bendito Jesús está casi siempre taciturno, y
de vez en cuando sólo me dice:
(7) “Hija mía, no me hagas violencia, de otra manera te haré salir de este estado”.
(8) Y yo digo: “Mi vida y mi todo, si quieres ser dejado libre para hacer lo que quieres, llévame,
y después podrás hacer lo que quieras”.
(9) Parece que en estos días se necesita gran paciencia para tratar con Jesús bendito.
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8-10
Agosto 22, 1907
El alma debe estar en el mundo como si sólo estuvieran
Dios y ella. La causa que más renueva la Pasión a
Jesús es el incumplimiento de los propósitos.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, en cuanto ha venido mi adorable Jesús me ha
dicho:
(2) “Hija mía, para que la Gracia pueda tener libre la entrada en el alma, ésta debe estar en
el mundo como si no hubiera otra cosa que Dios y ella, porque cualquier otro pensamiento o
cosa se interponen entre el alma y la Gracia, e impiden a la Gracia entrar en el alma, y al alma
recibir la Gracia”.
(3) Otro día me dijo: “Hija mía, la causa que más me renueva la Pasión es el incumplimiento
de los propósitos; ¡ah! ni siquiera entre ellos son tan viles de no mantener lo que se prometen,
sólo Conmigo llegan a tal vileza de desconocer sus promesas, a pesar que saben que sufro
mucho porque en un momento prometen, y en otro desdicen lo que prometen”.
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8-11
Septiembre, 1907
Por cuanto más el alma es igual en todo,
tanto más se acerca a la perfección divina.
(1) Paso días amarguísimos, con continuas privaciones, a lo más se hace ver como sombra
o relámpago, y casi siempre con continuas amenazas de mandar castigos. ¡Oh! Dios, qué
desorden, el mundo parece trastornado, todos están en actitud de hacer revoluciones, de
matarse; el Señor parece que retira su Gracia y los hombres se vuelven tantas bestias feroces,
pero es mejor callar estas cosas, porque hablar de ellas amarga demasiado mi pobre alma,
bastante saturada de amarguras. Después, esta mañana en cuanto ha venido el bendito Jesús,
me ha dicho:
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