+ + + +
7-81
Marzo 2, 1907
No hay nada que iguale al sufrir voluntario.
(1) Continuando mi habitual estado, y habiendo oído que casi todo el país estaba con la
epidemia de influencia y que moría mucha gente, estaba pidiendo a Nuestro Señor que se
complaciera en evitar tantas víctimas y que me hiciera sufrir a mí para perdonar a aquellos,
porque ahora como nunca poco o nada sufro, porque aun esto me ha quitado. Mientras esto
pensaba, en mi interior me ha dicho:
(2) “Hija mía, de Mí se dijo que era necesario que muriera uno para salvar a todo el pueblo.
Era una verdad, pero en aquel tiempo no comprendida. Así en todos los tiempos es necesario
que sufra uno para perdonar a los demás, y este uno para ser acepto debe ofrecerse
voluntariamente y sólo por amor de Dios y por amor del prójimo, sufriendo él para evitar a todos
los demás el sufrimiento; y el sufrir de éste no puede equivaler al sufrimiento de todos los demás
juntos, no hay valor que lo iguale. ¿Crees tú que es nada el vacío de tu sufrir? No obstante no
es un vacío del todo, y si te suspendo del todo, ¿dónde irán a terminar los pueblos? ¡Ay, ay, las
cosas no terminan aquí!”
+ + + +
7-82
Marzo 13, 1907
Luisa le pide a Jesús que al morir su
madre no pase por el Purgatorio.
(1) Continúa casi siempre lo mismo, y a lo más se hace ver en silencio. Ahora, en estos días,
Jesús, habiéndose dejado ver me acariciaba y me besaba, y estando mi mamá enferma me
hacía comprender que pronto se la iba a llevar, y yo le decía: “Señor mío, Tú lo quieres y yo te
la doy antes de que te la lleves, no quiero esperar a que te la lleves sin que antes te la done,
pero quiero de Ti la recompensa por el don que te hago, dándome en premio que te la lleves
directo al paraíso, sin hacerla pasar por el purgatorio, a costa de sufrir yo el purgatorio que le
correspondiera a mi mamá”. Y Jesús bendito me decía:
(2) “Hija mía, déjame hacer a Mí”.
Yo continuaba pidiéndole diciendo: “Pero dulce amor mío, quien tendrá corazón para ver sufrir
a mi mamá en el purgatorio, a ella que ha sufrido tanto, que ha llorado tanto por causa mía. Es
el peso de la gratitud lo que me empuja, lo que me apremia y me fuerza, en todas las demás
cosas haz lo que quieras, pero en esto no, no cedo. Me contentarás y harás lo que quiero”.
(3) Y Él: “Pero amada mía, no te vuelvas demasiado fastidiosa, eres incansable, y con el
volverte incansable en pedir me obligas a contentarte”.
(4) Pero sin embargo no me daba una respuesta precisa, y yo insistía y lloraba como una niña,
y pidiéndole y volviéndole a pedir iba ofreciendo minuto a minuto, hora tras hora todo lo que Él
sufrió en su Pasión, aplicando todo esto al alma de mi madre para hacerla quedar purificada y
embellecida, y así poder obtener lo que yo quería. Y Él secándome las lágrimas agregaba:
(5) “Pero querida amada mía, no llores, tú sabes que te quiero mucho, ¿podría no contentarte?
Mira, con el continuo ofrecimiento de mi Pasión, no dejando escapar nada de lo que Yo sufrí en
beneficio de tu madre, su alma está dentro de un mar inmenso, y este mar la lava, la embellece,
451 sig