7-76
Enero 13, 1907
Jesús quiso sufrir en su Humanidad
para rehacer la naturaleza humana.
(1) Continuando mi habitual estado, por un instante he visto a mi bendito Jesús, y me ha dicho:
(2) “Hija mía, cuánto amo a las almas, mira: La naturaleza humana estaba corrompida,
humillada, sin esperanza de gloria y de resurgimiento, y Yo quise sufrir todas las humillaciones
en mi Humanidad, especialmente quise ser desnudado, flagelado y que a pedazos cayeran mis
carnes bajo los azotes, casi deshaciendo mi Humanidad para rehacer la humanidad de las
criaturas, y hacerla resurgir llena de vida, de honor y de gloria a la vida eterna. ¿Qué otra cosa
podía hacer y que no haya hecho?”
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7-77
Enero 20, 1907
La mayor santidad es el vivir en el Divino Querer.
(1) Habiendo leído dos vidas de santas, una que ansiaba mucho el sufrir, y la otra que quería
ser pequeña, yo pensaba en mi interior cuál de las dos sería mejor para poderla imitar, y no
sabiendo resolver esto me sentía como confundida, y para poder estar libre y pensar sólo en
amarlo he dicho entre mí: “Yo no quiero aspirar a nada sino solamente a amarlo y cumplir
perfectamente su santo Querer”. Mientras me encontraba en esto, el Señor en mi interior me ha
dicho:
(2) “Y Yo aquí te quiero, en mi Querer; hasta en tanto que el grano de trigo no es sepultado
bajo tierra y muere del todo, no puede renacer a vida nueva y multiplicarse y dar vida a otros
granos; así el alma, hasta que no se sepulta en mi Voluntad, hasta morir del todo en Ella con
deshacer todo su querer en el mío, no puede resurgir a nueva Vida Divina con el resurgimiento
de todas las virtudes de Cristo, que contienen la verdadera santidad, por eso mi Voluntad sea el
sello que te marque el interior y el exterior, y cuando mi Voluntad haya resurgido toda en ti, en
Ella encontrarás el verdadero amor, y esta es la mejor de todas las otras santidades a las cuales
puede uno aspirar”.
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7-78
Enero 21, 1907
Quien siempre ama a Jesús no lo puede desagradar.
(1) Encontrándome en mi habitual estado estaba diciendo en mi interior: “Señor, haz que sea
toda tuya y que esté siempre, siempre Contigo, y que jamás me separe de Ti; pero mientras yo
esté Contigo no permitas que yo sea aguijón que te amargue, que te dé fastidio, que te dé
disgustos, sino puntal que esté en Ti para sostenerte cuando estás cansado y oprimido, que te
consuele cuando estés fastidiado de las otras criaturas”. Mientras esto decía el bendito Jesús
me ha dicho:
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