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7-74
Enero 5, 1907
La verdadera santidad consiste en recibir como
especialidad de amor divino todo aquello
que nos pueda suceder.
(1) Habiendo leído que un alma hacía escrúpulo de todo y temía que todo fuera pecado,
estaba pensando en mí misma: “Y yo, cómo soy liberal, quisiera pensar también yo que todo
fuera pecado para estar más atenta a no ofender al Señor”. Entonces, viniendo el bendito Jesús
me ha dicho:
(2) “Hija mía, estas son tonterías, y el alma con esto queda detenida en el camino de la
santidad, mientras que la verdadera y estable santidad consiste en recibir como especialidad de
amor divino todo lo que le pueda suceder y todo lo que pueda hacer, aunque sea la cosa más
indiferente, como sería el recibir un alimento agradable o desagradable; especialidad de amor
en el agradable, pensando que Jesús produce aquel gusto en el alimento, porque la ama tanto,
hasta darle gusto aun en las cosas materiales; especialidad de amor en el desagradable,
pensando que la ama tanto que le ha producido aquel desagrado para semejarla a Él en la
mortificación, dándole Él mismo una monedita para ofrecérsela a Él; especialidad de amor divino
si es humillada, si es exaltada, si está sana, si está enferma; si es pobre o rica; especialidad de
amor el respiro, la vista, la lengua, todo, todo, y así como todo, todo lo debe recibir como
especialidad de amor divino, así ella debe dar de nuevo todo a Dios como un especial amor
suyo, así que debe recibir la ola del amor de Dios, y debe dar a Dios la ola de su amor. ¡Oh! Qué
baño santificante es esta ola del amor, la purifica, la santifica y la hace progresar sin que ella
misma lo advierta; es más vida de Cielo que de tierra. Es esto lo que quiero Yo de ti; el pecado,
el pensamiento del pecado no debe existir en ti”.
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7-75
Enero 10, 1907
El mal que forma el propio gusto.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, en cuanto ha venido el bendito Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, es tanto el apego de las criaturas al propio gusto, que estoy obligado a contener
en Mí mis dones, porque en lugar de apegarse al Donador, se apegan a mis dones, idolatrando
mis dones con ofensa al Donador, así que si encuentran su propio gusto hacen algo, más bien,
no hacen, sino que satisfacen el propio gusto; si no hay gusto no hacen nada, así que el propio
gusto forma una segunda vida en las criaturas. Miserables, no saben que donde está el propio
gusto, difícilmente puede estar el gusto divino, aun en las cosas santas. Así que recibiendo mis
dones, las gracias, los favores, no deben apropiárselos como cosas suyas, formando de ellos
un gusto propio, sino tenerlos como gustos divinos, sirviéndose de ellos para amar mayormente
al Señor y prontos a sacrificarlos al mismo amor”.
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