quieres de mí, que no formo tu vida, y Tú que eres mi vida ¿me la niegas?” Pero quién puede
decir todos mis desatinos, me alargaría demasiado. Mientras estaba en esto se ha movido en
mi interior, y poniendo su brazo en acto de sostenerme me ha dicho:
(3) “Estoy en ti, y me escondo más en ti para ver qué cosa haces. No he faltado en nada, ni a
las promesas, ni al amor, ni a la constancia, si tú lo haces en modo imperfecto, Yo lo hago en la
plenitud de la perfección hacia ti”.
(4) Y ha desaparecido.
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7-72
Diciembre 15, 1906
La Divina Voluntad contiene todos los bienes.
(1) Continuando mi habitual estado, me sentía más que nunca amargada por su privación. En
un instante me he sentido como absorbida en la Voluntad de Dios, y sentía todo mi interior
tranquilo, de modo de no sentirme más a mí misma, sino en todo al Querer Divino, aun su misma
privación, y yo decía para mí: “¡Qué fuerza, qué encanto, qué atractivo contiene esta Divina
Voluntad, que hace que me olvide de mí misma, y hace correr en todo al Querer Divino!” Mientras
estaba en esto se ha movido en mi interior y me ha dicho:
(2) “Hija mía, como la Divina Voluntad es el único alimento sustancioso, que contiene todos
los sabores y los gustos adecuados al alma, en Ella el alma encuentra su alimento exquisito y
se tranquiliza; el deseo encuentra su alimento y piensa en apacentarse lentamente, y se forma
sin desear otra cosa; la inclinación no tiene hacia donde tender, porque ha encontrado el
alimento que la satisface; la propia voluntad no tiene otra cosa que querer, porque se ha dejado
a sí misma, que formaba su tormento y ha encontrado la Voluntad Divina que forma su felicidad;
ha dejado la pobreza y ha encontrado la riqueza, no humana sino Divina; en suma, todo el
interior del alma encuentra su alimento, es decir su trabajo en el cual queda ocupada y
absorbida, tanto que no puede hacer nada más, porque en este alimento y trabajo, mientras
encuentra todos los contentos, encuentra tanto qué hacer y aprender, y gustar siempre nuevas
cosas, que el alma de una ciencia menor aprende ciencias mayores, y siempre queda qué
aprender; de cosas pequeñas pasa a cosas grandes, de un gusto pasa a otros gustos, y siempre
queda algo más de nuevo por gustar en este ambiente de la Divina Voluntad”.
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7-73
Enero 3, 1907
La verdadera confianza reproduce la Vida Divina en el alma.
(1) Continuando mi habitual estado, en cuanto he visto al bendito Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, quien mucho teme, es señal de que mucho confía en sí misma, porque no
descubriendo en sí misma otra cosa que debilidades y miserias, naturalmente y justamente
teme; y quien nada teme, es señal de que confía en Dios, porque confiando en Dios, las miserias
y las debilidades quedan perdidas en Dios; sintiéndose investida por el Ser Divino, no más obra
ella, sino Dios en ella, ¿y qué puede temer? Así que la verdadera confianza reproduce la Vida
Divina en el alma”.