santificaba, los divinizaba, los reparaba. Por eso, haciendo todo con la intención de recibir de Mí
tu obrar, también tú vendrás a abrazar y a contener a todas las criaturas en ti, y tu obrar se
difundirá para bien de todos; así que aunque los demás no me den nada, Yo tomaré todo de ti”.
(3) Parece que estoy diciendo muchos disparates. Son cosas íntimas y no sé decirlas bien,
quisiera escribirlas como las tengo en la mente pero no puedo. Me parece que tomo una gota
de luz y cientos se me escapan, hubiera sido mejor callar, pero todo sea para gloria de Dios.
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7-70
Diciembre 3, 1906
La dulzura y la paz en el alma.
(1) No viniendo el bendito Jesús, sentía gran amargura, no sólo, sino como un choque en mi
interior que me dejaba casi inquieta. ¡Oh! Dios, qué pena, que comparada a todas las otras
penas, éstas no son otra cosa que sombras, más bien son refrigerios; es solamente a tu
privación a la que debe dársele el nombre de pena. Ahora, mientras deliraba ha salido de dentro
de mi interior y me ha dicho:
(2) “¿Qué tienes? Cálmate, cálmate, aquí estoy, no sólo estoy contigo sino en ti; además no
quiero este ánimo inquieto, todo debe ser dulzura y paz en ti, de manera que se pueda decir de
ti lo que se dice de Mí: Que no escurre de Mí otra cosa que miel y leche, figurando la miel a la
dulzura y la leche a la paz; Yo estoy tan lleno y empapado de éstos, que escurren de mis ojos,
de mi boca y en todo mi obrar, y si tú no eres así Yo me siento deshonrado por ti, porque mientras
habita en ti Aquél que es todo paz y dulzura, tú no me honras, mostrando, aunque fuese la más
mínima sombra de un ánimo enfadado e inquieto. Yo amo tanto esta dulzura y paz, que a pesar
de que se tratara de cosas grandes, de mi honor y gloria, no quiero, no apruebo jamás aquellos
modos enfadados, violentos, fogosos, sino aquellos modos dulces, pacíficos, porque sólo la
dulzura es aquella que como cadena encadena los corazones, de modo que no se pueden soltar,
es como brea que se pega y no se pueden liberar, y estoy obligado a decir: “En esta alma está
el dedo de Dios”. Y además si no me agrada a Mí el modo enfadado, no agradará ni siquiera a
las criaturas. Uno que habla, que trata aun cosas de Dios con modos no dulces y pacíficos, es
señal de que no tiene sus pasiones ordenadas, y quien no se tiene a sí mismo ordenado no
puede ordenar a los demás. Por eso sé atenta a todo lo que no sea dulzura y paz, si no quieres
deshonrarme”.
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7-71
Diciembre 6, 1906
Jesús se esconde para ver que cosa hace el alma.
(1) Continuando el estado de casi total privación, en que a lo más como relámpago o como
una sombra se hace ver, decía en mi interior: “Vida de mi vida, ¿por qué no vienes? ¡Oh, cómo
te has hecho cruel conmigo! Cómo se ha endurecido tu corazón que llegas a no escucharme,
¿dónde están tus promesas, dónde tu amor si me dejas desamparada en el abismo de mis
miserias? Sin embargo me prometías no dejarme jamás, me decías que me amabas mucho, ¿y
ahora, y ahora? Tú mismo me lo has dicho, que por la constancia se conoce si alguien te ama
de verdad; y si no hay constancia no se puede hacer ningún cálculo sobre este amor, y esto lo
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