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7-65
Noviembre 14, 1906
La cruz ensancha los confines del reino del Cielo.
(1) ¡Oh! Cuánto he esperado y sufrido por su privación. Entonces, después de mucho esperar,
por breves instantes se ha hecho ver y me ha dicho:
(2) “Hija mía, si la perfecta resignación es la señal cierta y segura de la predestinación, la cruz
ensancha los confines del reino del Cielo”.
Y como relámpago ha desaparecido.
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7-66
Noviembre 16, 1906
Diferencia que hay entre las ofensas de los religiosos y las de los seglares.
(1) Encontrándome fuera de mí misma veía las tantas ofensas que cometen los sacerdotes y
personas religiosas, y el gran desagrado que el bendito Jesús sentía por ellas. Entonces yo, casi
asombrándome he dicho: “Dulce vida mía, es verdad que las personas religiosas te ofenden,
pero a mí me parece que los seglares te ofenden mayormente, no obstante muestras más
disgusto por las ofensas de aquellas que por las de éstos, parece que eres todo ojos para mirar
todo lo que hacen los primeros, y aparentas no ver lo que hacen los segundos”.
(2) Y Él: “¡Ah! Hija mía, tú no puedes comprender la diferencia que hay entre las ofensas de
los religiosos y las de los seglares, por eso te asombras. Los religiosos han declarado
pertenecerme, amarme y servirme, y Yo les he confiado los tesoros de mi Gracia, y a otros los
tesoros de los sacramentos, como es el caso de los sacerdotes. Ahora, fingiendo en lo exterior
que me pertenecen, en su interior, si es necesario, están lejos de Mí, aparentan amarme y
servirme, en cambio me ofenden y se sirven de las cosas santas para servir a sus pasiones, por
eso soy todo ojos para no dejarlos desperdiciar mis dones, mis gracias, pero a pesar de mis
premuras llegan a malgastar mis dones aun en aquellas mismas cosas externas con las que
externamente parece que me están glorificando. Esta es una ofensa tan grave, que si tú la
pudieses comprender morirías de aflicción. En cambio los seglares declaran no pertenecerme,
no conocerme y no quererme servir, y esta es la primera cosa, que están libres del espíritu de
hipocresía, la cosa que más me disgusta; por eso, habiéndose ellos declarado, no les he podido
confiar mis dones, si bien la Gracia los exhorta y les hace la guerra, pero no se ha donado
porque no la quieren. Sucede como a un rey que ha combatido para liberar los pueblos de la
esclavitud en la cual eran tenidos por otros reyes, a fuerza de sangre ha logrado liberar a una
parte de aquellos pueblos y los ha puesto bajo su dominio, proveyéndolos de todo, y si fuera
necesario haciéndolos habitar su misma habitación. Ahora, ¿de quién se desagradaría más si
lo ofendieran, de aquellos pueblos que han quedado lejanos de él, que también quería liberar, o
de aquellos que viven con él?”
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