7-58
Octubre 23, 1906
Cómo en estos tiempos todo es afeminado.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, por poco tiempo ha venido mi adorable Jesús, y
todo agobiado y afligido ha querido derramar en mí sus amarguras, y después me ha dicho:
(2) “Hija mía, son tales las amarguras que me dan las criaturas, que no puedo contenerlas,
por eso he querido participártelas. En estos tiempos todo es afeminado; los mismos sacerdotes
parece que han perdido el carácter masculino y adquirido el carácter femenino, así que
raramente se encuentra un sacerdote varonil, y el resto todos afeminados. ¡Ah! En qué estado
deplorable se encuentra la pobre humanidad”.
(3) Dicho esto ha desaparecido. Yo misma no comprendo el significado de esto, pero la
obediencia ha querido que lo escriba.
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7-59
Octubre 25, 1906
La Gracia para quien la recibe es luz, y para quien no, es fuego.
(1) Continuando mi habitual estado, me he encontrado fuera de mí misma, y parecía que había
algunas personas que me querían crucificar, y mientras me extendían sobre la cruz veía a
Nuestro Señor dentro de mí, y conforme me extendía yo, así se extendía Él, así que en mis
manos estaban sus manos y el clavo traspasaba mis manos y sus manos, así que lo que sufría
yo sufría Él. Era tal el dolor que esos clavos despuntados nos daban, que me sentía morir; pero
que dulce morir junto con Jesús, sólo temía el no morir.
(2) Ahora, mientras esas personas se aprestaban a crucificarme los pies, Jesús ha salido de
dentro de mí y se ponía frente a mí, y mis sufrimientos tomaban como forma de luz y se ponían
delante al Señor como en acto de adoración, y después de esto me ha dicho:
(3) “Hija mía, la Gracia para quien la recibe es luz, es camino, es alimento, es fuerza, es
consuelo; para quien no la recibe, además de que no encuentra luz y se siente faltar el camino
bajo sus pies, como permanece en ayuno queda sin fuerza, y la Gracia se convierte en fuego y
castigo”.
(4) Mientras esto decía, de su mano salía un torrente de luz que descendía sobre las criaturas,
y esta luz, para quien quedaba como luz, y para quién como fuego.
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7-60
Octubre 28, 1906
Todo lo que es luz, viene de Dios.
(1) Habiendo recibido la comunión, me encontraba dentro de una gran luz, era el mismo Jesús,
el cual me ha dicho:
(2) “Hija mía, todo lo que es luz, todo es mío, nada es de la criatura. Sucede como con una
persona que se encuentra investida por los rayos del sol, si quisiera atribuirse a sí misma la luz
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